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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Temoaya, la madrugada en San Antonio del Puente, fue destrozada por el tableteo seco de las armas. Eran minutos de quietud cuando un vehículo desconocido se emparejó y descargó una lluvia de balas contra tres hombres que permanecían junto a un Volkswagen Bora gris, estacionado entre las calles Estado de Campeche y Bicentenario.
El ataque fue fulminante: disparos sin tregua, vidrios estallando y cuerpos cayendo al asfalto.
“Sonaron muchos balazos, seguidos, como si no fueran a parar. Nos tiramos al suelo y apagamos las luces”, narró un vecino, aún con el rostro desencajado. Desde ventanas y puertas entreabiertas, los habitantes observaron cómo el automóvil agresor escapó a toda velocidad, dejando atrás sangre, casquillos y el eco del terror.
Cuando paramédicos arribaron al sitio, uno de los hombres ya no tenía signos vitales. Su cuerpo quedó tendido junto al vehículo perforado por impactos de bala, mientras los otros dos, gravemente heridos y cubiertos de sangre, fueron trasladados de urgencia a un hospital, donde su estado de salud se reporta delicado.
La escena fue acordonada por policías estatales, mientras peritos de la Fiscalía mexiquense iniciaban las diligencias. Casquillos regados sobre el pavimento y manchas rojizas marcaron el sitio del crimen. “Aquí nunca había pasado algo así”, murmuraban los vecinos, incrédulos. El cuerpo del fallecido, aún sin identificar, fue cubierto y retirado bajo la mirada muda de la comunidad. En Temoaya, una vez más, la violencia escribió su historia con plomo y silencio.