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GUSTAVO INFANTE CUEVAS
Desde la era de Saúl Canelo Álvarez, no existe una figura que genere tanto ruido mediático dentro del boxeo como Jake Paul. Y eso, aunque le arda al aficionado más purista, no es una opinión: son números. Jake Paul es hoy uno de los atletas mejor pagados del mundo, con ingresos anuales cercanos a los 60 millones de dólares, superando a campeones consolidados y figuras históricas del deporte.
Dentro del ring su récord puede ser discutido, polémico y hasta incómodo para muchos, pero fuera de él es donde realmente gana las peleas. Sus combates alcanzan audiencias que el boxeo tradicional rara vez logra: decenas de millones de espectadores en plataformas globales, estadios llenos y una conversación constante en redes sociales. Incluso en la derrota, Jake Paul vende, atrae y genera impacto.
Pero Paul no se quedó en el papel de “influencer boxeador”. Fundó Most Valuable Promotions, una promotora que hoy es clave en el boxeo actual, especialmente en el boxeo femenil. Fue pieza fundamental para que peleas históricas encabezaran escenarios icónicos y ha firmado y desarrollado talento que antes no tenía reflectores. Eso, en una industria que muchas veces cierra puertas, es un valor agregado enorme.
Después de Canelo, no hay nadie que represente mediáticamente al boxeo como Jake Paul. Hay campeones, hay talento, hay técnica… pero no hay alguien que concentre atención, polémica, negocio y alcance global como él. Quizá no sea el boxeador que muchos quieren, pero sí es el fenómeno que el boxeo necesitaba para volver a ser tema de conversación masiva.
Y aunque duela aceptarlo, Jake Paul no está jugando al boxeo: está cambiándolo.
