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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La noche se rompió con un estallido seco, de esos que se sienten en el pecho antes de entender lo ocurrido. Sobre la México-Texcoco, a la altura del paraje conocido como El Tejocote, una patrulla municipal se estrelló de frente contra una camioneta familiar. El impacto fue brutal: láminas dobladas, cristales hechos polvo y cuerpos atrapados entre los hierros.
Las luces de la unidad oficial aún destellaban cuando comenzaron los gritos. Dentro de la patrulla, dos policías quedaron prensados, cubiertos de sangre y con visibles signos de dolor. En la camioneta, una familia completa, incluido un bebé, lloraba desesperada mientras otros automovilistas corrían para auxiliar. “Se oyó el golpe y luego puro grito, el niño no dejaba de llorar”, contó un testigo con el rostro pálido.
El olor a gasolina y aceite quemado invadió el asfalto. Paramédicos trabajaron contrarreloj para liberar a los heridos, mientras el morbo atraía a decenas de curiosos que sacaban el celular para grabar la escena. Ambulancias, patrullas y luces intermitentes convirtieron la carretera en un infierno detenido.
Los siete lesionados fueron trasladados a hospitales cercanos; su estado se reportó estable, aunque el susto y las heridas quedarán marcados. La vialidad permaneció cerrada durante horas, generando un embotellamiento kilométrico.
Peritos ya analizan las unidades destrozadas. Exceso de velocidad, una maniobra imprudente o un error fatal están bajo la lupa. Lo cierto es que, una vez más, la urgencia y el volante escribieron otra página roja sobre el pavimento.