Visitas
- Dijo que habrá transparencia y reducción en gastos de comicios
- Rechaza los señalamientos de que su gobierno es autoritario
- Descarta reunirse con la oposición para discutir la iniciativa
Juan R. Hernández
Ciudad de México.- El Salón Tesorería volvió a ser escenario de un choque de narrativas. De un lado, la presidenta Claudia Sheinbaum afinando una reforma electoral que aún no nace; del otro, una oposición que ya la bautizó y condenó. “Ley Maduro”, le dicen, aunque —como subrayó la mandataria— todavía no existe el documento final. En medio del ruido, Sheinbaum fue clara y tajante: en México no hay autoritarismo.
Con tono sereno, la presidenta explicó que la iniciativa se presentará a principios de febrero, y que su eje no es excluir, sino garantizar la representación de las minorías, reducir el gasto excesivo de las elecciones y mantener la autonomía del INE. Nada de retrocesos democráticos. Al contrario, insistió, se trata de fortalecer la democracia participativa y la fiscalización de los recursos públicos.
La escena fue reveladora. Mientras algunos anticipan escenarios de control y cerrazón, Sheinbaum respondió con argumentos: “No hay fundamentos para decir que este es un gobierno autoritario. Eso se cae por su propio peso”. Y remató: tampoco los habrá cuando conozcan la propuesta. En México, dijo, hay democracia electoral, libertad absoluta y respeto a los derechos humanos.
Uno de los puntos que más atención despertó fue el de los plurinominales. No desaparecerán, pero sí cambiaría la forma de elegirlos: que no sean las cúpulas partidistas, sino la ciudadanía. La lógica, explicó, es sencilla: más participación social, menos decisiones cupulares.
Sheinbaum también puso cifras implícitas sobre la mesa al recordar que las elecciones en México son de las más caras del mundo. De ahí la propuesta de reducir gastos a partidos, al INE y a los organismos electorales locales. “Esos recursos pueden usarse en otras cosas”, lanzó, en un mensaje que conectó con el hartazgo ciudadano.
La presidenta descartó reunirse con líderes de la oposición. No por cerrazón, sino por institucionalidad: el debate, subrayó, corresponde al Congreso de la Unión, donde están representadas todas las fuerzas políticas. Ahí se discutirá, se modificará o se rechazará.
Entre preguntas y señalamientos, Sheinbaum pidió algo básico: esperar la propuesta. Aceptó que habrá desacuerdos, pero defendió el fondo de la reforma como “razonable” y alineada con lo que pide la gente. En México, finalizó, la democracia no se cancela: se discute y se fortalece.