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Por Ana María Vázquez
Escritora/Dramaturga
@Anamariavazquez
El principal golpeteo al gobierno mexicano desde que en 2018 asumió la presidencia López Obrador ha sido de los medios concesionados, desde entonces, periódicos como Reforma, Proceso y ambas televisoras, principalmente Azteca, enfocan su línea editorial en tergiversar la información o manipularla, muchas veces ilustrando sus notas con imágenes de otros países o eventos de años anteriores haciéndolas pasar por actuales.
La Mañanera ha sido el único y real medio masivo y abierto para informar a la población y darle cuentas al pueblo, desmentir información falsa y dar voz a todos. Los medios públicos, 11 y 14, representan menos del 0.34% de las audiencias que tienen Azteca, Televisa y hasta Imagen con todo y la disminución de ratings a raíz del internet, para ponerlo en números, el programa con mayor rating del canal 11 o 14 tuvo 464 mil espectadores, mientras que Hechos, de Azteca, oscila entre 1,97 y 2.5 millones. Una diferencia abrumadora que SPR no ha conseguido reducir. Son los medios de derecha y “centro”, los encargados de magnificar y polarizar el discurso de odio, desinformar y ofrecer mesas de análisis, entrevistas con personajes radicales y fascistas y en muy contados casos, dan espacio a voces independientes e informadas. SPR tiene no solo la necesidad, sino la obligación de ofrecer contenidos veraces, sino también que desmientan los discursos que proliferan en los medios concesionados; jugar a la “apertura” con entrevistas que fomenten el discurso de odio y contra los derechos humanos no debería estar ni siquiera a discusión en los dos únicos medios que requieren no solo de otro tipo de programación, más activa (Aquí nos tocó vivir, Bizbirije) y menos pasiva -mesas de discusión y entrevistas- Silvana Rabinovich nos recordó hace poco cómo empezó Milei: los medios lo construyeron al darle voz a los que todos consideraban un “loco” de ideas radicales y descabelladas que “no llegaría a nada” pero era divertido, y fueron precisamente estas ideas las que lo llevaron a la presidencia de Argentina, un país ahora entregado a Estados Unidos en donde desde hace 15 días no ondea la bandera nacional.
“Hacer tele” hoy, requiere ingenio, humor, agilidad, creatividad y honestidad, no espacios para que conductoras se luzcan con preguntas “sesudas” a la oposición, es más que eso, un compromiso social de información y entretenimiento.