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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El accidente ocurrió en segundos, pero sus consecuencias se han vuelto interminables para la familia de Ana Beatriz R. M. En Toluca, un autobús de la empresa Urbana en el que viajaba se impactó contra una jardinera en las inmediaciones del Cosmovitral, dejándola con lesiones severas en la columna. Desde entonces, la familia no solo enfrenta el drama médico, sino también lo que califican como un abandono absoluto por parte de la empresa responsable.
Tras el choque, la propia transportista y su aseguradora ordenaron el traslado de Ana Beatriz a una clínica privada. Ahí, los médicos fueron claros: requería una cirugía urgente, costosa y especializada para evitar daños permanentes. Sin embargo, la atención inicial se detuvo abruptamente cuando la aseguradora notificó que solo cubriría una mínima parte del procedimiento, amparándose en supuestos topes de la póliza.
“Primero nos dijeron que no nos preocupáramos, que todo estaba cubierto. Después, simplemente nos dejaron solos”, relata un familiar. Ante la imposibilidad de pagar el tratamiento, Ana Beatriz fue trasladada al Centro Médico Adolfo López Mateos, donde se enfrenta a una nueva barrera: la falta de insumos y material quirúrgico para intervenirla.
Vecinos y familiares denuncian que la empresa Urbana desapareció del caso. No hubo seguimiento, apoyo ni respuesta. “La dejaron a su suerte, como si no fuera una persona”, reclama una tía de la víctima. El estado de salud de Ana Beatriz se deteriora mientras pasan los días sin solución.
La familia exige la intervención de las autoridades estatales para que la empresa asuma su responsabilidad legal y moral. “No pedimos caridad, pedimos justicia. Un accidente no puede terminar en abandono”, sentencian.
