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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En Naucalpan el fuego volvió a reclamar territorio en el Cerro de las Cruces. Lenguas incandescentes avanzaron sin piedad sobre la ladera cubierta de pastizal seco, mientras una columna de humo negro cubría el cielo y el olor a tierra quemada se metía en las viviendas cercanas. En cuestión de minutos, el cerro se transformó en una escena infernal.
El incendio se desató la tarde del viernes y, empujado por el viento, creció con violencia hasta devorar alrededor de 10 hectáreas. Vecinos de Rincón Verde observaron con terror cómo las llamas descendían peligrosamente. “Se escuchaba como si tronara el cerro, el calor era insoportable y pensamos que el fuego iba a llegar a las casas”, relató un habitante que grabó el avance del siniestro.
Elementos de Protección Civil y Bomberos de Naucalpan acudieron con varias unidades y personal de distintas estaciones. Durante horas combatieron el incendio con herramientas manuales y chorros de agua, arriesgando la integridad ante el terreno escarpado y la intensidad del fuego. El cansancio era visible, pero el combate no se detuvo hasta cercar por completo las llamas.
Aunque las autoridades informaron que no hubo personas lesionadas ni viviendas dañadas, el miedo quedó sembrado. “Fue una pesadilla, veíamos el cerro arder como si fuera de papel; nadie duerme tranquilo después de eso”, expresó doña Carmen, vecina de la zona.
El incendio reavivó la indignación social por la falta de acciones preventivas. Habitantes señalan que el Cerro de las Cruces permanece en abandono, con maleza seca y sin vigilancia, lo que lo convierte en un polvorín cada temporada. Mientras el humo se disipaba y solo quedaban cenizas, la pregunta persistía: ¿cuántas veces más tendrá que arder el cerro para que la prevención llegue antes que las llamas?