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EU, imperio en decadencia

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Por Jorge Gómez Naredo

@jgnaredo

Todos los imperios caen. Así ocurrió con el más grande de la historia, el romano, y así ocurrirá con Estados Unidos, un imperio cuya fortaleza se consolidó tras la Segunda Guerra Mundial.

El reciente ataque militar contra Venezuela y el posterior secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, lejos de demostrar poder, evidencian debilidad y deterioro. No es una muestra de fuerza, sino el síntoma de un imperio que pierde control.

Durante décadas, Estados Unidos al menos cuidó las formas. Intervino e impulsó invasiones, sí, pero lo hizo amparándose -aunque fuera de manera mínima- en marcos del derecho internacional. Hoy eso cambió. En el caso venezolano, Donald Trump decidió intervenir militarmente y secuestrar a un jefe de Estado bajo el argumento de que era un delincuente. El relato es tan absurdo que ahora ni siquiera saben cómo sostenerlo.

A Nicolás Maduro lo presentaron como líder del llamado Cártel de los Soles, una supuesta organización criminal dedicada al narcotráfico cuya existencia es ampliamente cuestionada. La acusación era tan endeble que la propia “justicia” estadounidense terminó borrando casi toda mención a ese cártel y modificando el esquema de acusación, buscando imputarle delitos que resultan, sencillamente, irreales.

Lo que realmente está ocurriendo es otra cosa: Estados Unidos se muestra como una nación frágil, temerosa de que otras potencias -especialmente China- amplíen su influencia en América Latina. Ese miedo explica su reacción. Y en esa reacción, violaron todas las normas internacionales y quedaron atrapados en una situación que no saben cómo resolver.

El gobierno estadounidense sigue creyendo que manda en América Latina y que puede actuar a su antojo en la región. Pero lo que hoy exhibe no es autoridad, sino pánico. Un miedo irreprimible que los empuja a cometer violaciones flagrantes del derecho internacional y a construir entramados jurídicos tan forzados que rozan el ridículo. Así se expone una potencia en decadencia: todavía armada hasta los dientes, pero claramente en caída libre.

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