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Un operador de tráiler fue secuestrado, golpeado y privado de la libertad por cuatro sujetos armados mientras se dirigía hacia la Ciudad de México
REDACCIÓN
Un tráiler de doble remolque se impactó contra la caseta de cobro de Tepotzotlán, en la autopista México-Querétaro, con dirección a la Ciudad de México, luego de que su operador fuera víctima de un asalto, lo que habría provocado la pérdida de control de la unidad.
De acuerdo con los primeros reportes, el vehículo había salido de Puerto Vallarta, Jalisco, y transportaba aproximadamente 51 toneladas de sandías con destino a la Central de Abastos, en la alcaldía Iztapalapa.
Sin embargo, la unidad de carga fue interceptada por cuatro hombres armados en el kilómetro 107 de la autopista México – Querétaro. En cuestión de segundos, los sujetos golpearon, amarraron y encerraron al chofer en el camarote de su propio tráiler. “Fue todo muy rápido: un arma en la cabeza, golpes y amenazas. Pensé que no salía con vida”, relató el conductor que fue identificado como Juan Manuel.
Con la unidad tomada, los agresores condujeron de forma errática durante más de una hora. Desde el encierro, el operador escuchó cómo consumían drogas y cerraban el paso a otros automovilistas. La maniobra fue detectada por uniformados de la Guardia Nacional, lo que desató una persecución de alto riesgo. Testigos aseguran que los delincuentes dispararon para abrirse camino.
Llegando a la caseta de Tepotzotlán, los presuntos asaltantes habrían perdido el control de la unidad y se impactaron contra ella alrededor de las 5 de la mañana del jueves 8 de enero.
El impacto sacudió el camarote y permitió que Juan Manuel se liberara, lesionado y en estado de shock. Los agresores huyeron entre el caos. “Me dejaron tirado. Sentí rabia y miedo; nadie merece pasar por esto”, dijo.
Vecinos de comunidades aledañas y familiares de transportistas coincidieron en la denuncia: la carretera se ha vuelto un punto rojo. “Aquí escuchamos de asaltos todas las semanas. Vivimos con zozobra”, señaló una madre de familia.
Para los operadores, el mensaje es claro: transitar por esta ruta implica asumir un riesgo constante. El caso reaviva una exigencia social postergada. Transportistas, vecinos y usuarios demandan vigilancia efectiva y acciones sostenidas para recuperar un corredor vital que hoy opera bajo la sombra del delito. Sin respuestas, advierten, la siguiente persecución podría no terminar con sobrevivientes.
