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El líder sindical es señalado de operar un sistema de control sobre rutas, plazas y ahora, de manera más directa, sobre el reciclaje
Ana E. Rosete
La basura en la capital no sólo es un servicio público: es un negocio sostenido por una estructura sindical, administrativa y territorial que mueve dinero todos los días sin controles claros. En ese entramado aparece la dirigencia del sindicato de limpia, encabezada por Hugo Alonso Ortiz, señalado desde hace años por trabajadores y reportes periodísticos por operar un sistema de control sobre rutas, plazas y ahora, de manera más directa, sobre el reciclaje.
De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), en la Ciudad de México se generan entre 12 y 13 mil toneladas de residuos sólidos diariamente. Al menos 35% corresponde a materiales reciclables como cartón, PET, aluminio y vidrio, cuyo valor en el mercado puede representar millones de pesos al mes si se concentra su venta a gran escala.
Históricamente, ese ingreso ha sido el sustento de más de 10 mil recolectores informales, muchos de ellos jóvenes que trabajan con carritos, sin salario, contrato ni prestaciones, vendiendo directamente el material recuperado. Ese esquema, según testimonios recabados, comenzó a cambiar tras los ajustes al modelo de recolección impulsados por la nueva administración capitalina encabezada por Clara Brugada.
Recolectores y trabajadores de campo afirman que ahora todo el reciclaje debe entregarse a los camiones de limpia, lo que impide conservarlo para su venta directa. Bajo este modelo, explican, la comercialización del material queda concentrada en la estructura que controla camiones, rutas y centros de transferencia, administrados por las alcaldías así como la Sedema.
“Antes lo que sacábamos era para nosotros; ahora todo se va al camión y no sabemos quién lo vende ni a dónde va el dinero”, señala un recolector que pidió anonimato por temor a represalias. Los testimonios coinciden en que, junto con este cambio, las exigencias del sindicato se han endurecido, con presiones para afiliarse, respetar rutas impuestas y aceptar condiciones dictadas desde la dirigencia.
En ese contexto, el nombre de Hugo Alonso Ortiz vuelve a aparecer en denuncias internas por venta de plazas, cobro de cuotas y control discrecional del trabajo, prácticas que, aunque no todas han derivado en sentencias judiciales, han provocado protestas, bloqueos y conflictos administrativos en distintas alcaldías.
El joven recolector y su compañero advierten a Diario Basta! que el reciclaje es el eslabón más rentable y opaco del sistema, al manejarse mayoritariamente en efectivo y sin trazabilidad pública. Para los recolectores informales, en cambio, la centralización del reciclaje significa perder uno de sus ingresos además de las propinas.
Hasta ahora, las autoridades no han explicado quién comercializa el material, cuánto se obtiene ni cómo se redistribuyen esos recursos. En la Ciudad de México, la basura sigue siendo poder y dinero, pero no para quienes la recogen.