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Por Pedro Linares Manuel
PSICOLOGÍA FINANCIERA
Cada año, millones de niñas y niños esperan con ilusión la llegada de los Reyes Magos, que viajan por el mundo llevando regalos, el acto más importante no es el regalo en sí, sino escribir la carta: expresar lo que se desea, confiar en que será leída y dormir con la esperanza de despertar con una sorpresa. Esta experiencia construye recuerdos de felicidad y deja una enseñanza profunda desde la infancia: aprender a pedir con ilusión y a esperar con confianza. Desde la psicología, estas fechas activan emociones de alegría, fantasía y seguridad. No se trata solo de juguetes, sino de la sensación de que alguien escuchó el deseo y se esforzó por responder. Sentirse visto y tomado en cuenta es uno de los primeros aprendizajes emocionales que influyen en la forma en que, más adelante, una persona se permite recibir cosas buenas en la vida, incluido el bienestar material. La historia de los Reyes Magos encierra un simbolismo profundo. Al llegar a Belén ofrecieron oro, incienso y mirra al niño Jesús. El oro simboliza el reconocimiento del propio valor y de aquello que se pide, pues no se entrega al azar, sino a quien es considerado valioso. Cuando éramos niños, no siempre recibíamos exactamente el regalo que pedíamos. A veces deseábamos algo muy especial y llegaba otro distinto. Esa experiencia podía generar frustración o tristeza. Con el paso del tiempo, algunos niños crecieron con esa sensación y, al hacerse adultos, dejaron de creer en los Reyes Magos, no porque fueran malos, sino porque interpretaron que pedir no siempre valía la pena. En términos emocionales, es el niño interior diciendo en silencio: “tal vez no debí pedir tanto”, o “¿porque no me trajeron lo que les pedí?”
ENSEÑANZA VALIOSA
Sin embargo, desde una mirada más amorosa, también es posible entender que los Reyes Magos hacen lo mejor que pueden con lo que tienen y que no siempre es posible llevar exactamente el regalo solicitado. Aquí aparece una enseñanza valiosa: recibir algo diferente no significa falta de amor, sino una respuesta distinta. Por eso, una herramienta sana —emocional y financieramente— es aprender a escribir siempre una carta con un plan A y un plan B: un deseo principal y uno alterno. No se trata de conformarse, sino de cuidar la ilusión. En la vida adulta sucede lo mismo con los proyectos, el trabajo y el dinero. Pedir no garantiza que todo llegue tal como se imagina, pero dejar de pedir sí garantiza que nada llegue. Mantener un plan alterno permite seguir confiando sin perder la esperanza. A veces el regalo no es el que imaginábamos, pero sí el que nos ayuda a crecer y a volver a creer.