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Fernando Ortiz
Ciudad de México.- A partir del 1 de enero de 2026, la venta de animales vivos en el Mercado de Sonora quedó oficialmente prohibida por orden judicial, como parte de la aplicación obligatoria de la Ley de Protección y Bienestar Animal de la Ciudad de México.
Sin embargo, la prohibición no ha erradicado completamente la práctica, ya que la venta continúa de forma clandestina, principalmente a través de acuerdos previos por WhatsApp y redes sociales, con entregas realizadas fuera del mercado, lo que dificulta la supervisión y aplicación de sanciones.
La resolución obliga a las autoridades capitalinas a impedir de manera definitiva la comercialización de cualquier especie no humana en mercados públicos, tianguis y bazares.
Antes de la prohibición, la venta de animales representaba uno de los giros más visibles del mercado. Entre 80 y 84 locales se dedicaban directamente a la comercialización de aves, reptiles, roedores y otras especies, lo que equivalía a alrededor del 16.5% del total de los negocios del Mercado de Sonora. Estos puestos recibieron un plazo que venció a finales de 2025 para cambiar de giro o cerrar.
Con la entrada en vigor de la medida, la mayoría de los locales retiraron jaulas y animales de exhibición. Al menos cinco animales quedaron bajo custodia de las autoridades, mientras que el resto fue retirado por los propios comerciantes, ya sea para entregarlos a particulares o trasladarlos fuera del mercado.
Las cifras dan cuenta del impacto económico del giro: antes del veto, un solo ejemplar podía alcanzar precios elevados. Por ejemplo, un periquillo cabeza amarilla, especie protegida, se ofrecía hasta en 5 mil 500 pesos, mientras que otras aves, reptiles o animales exóticos se vendían en miles de pesos, dependiendo de su rareza y demanda.
Aunque la prohibición marca un avance histórico en materia de bienestar animal, organizaciones civiles advierten que, sin operativos constantes y sanciones ejemplares, el comercio ilegal podría consolidarse fuera del espacio físico del Mercado de Sonora.
La cifra de locales reconvertidos contrasta con la persistencia de prácticas encubiertas que, pese a la ley, mantienen viva una actividad que, durante décadas, fue parte central del mercado más emblemático del comercio animal en la capital.