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Ciudad de México corre, pero aún tropieza 

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Por Gustavo Infante Cuevas

La XLII edición del Maratón de la Ciudad de México volvió a confirmar su grandeza: más de 30 mil corredores tomaron las calles capitalinas en una fiesta deportiva que une a la ciudad con el mundo. El etíope Tadu Abate Deme y su compatriota Bekelech Gudeta Borecha se coronaron en las ramas élite con tiempos de 2:11:17 y 2:28:36, mientras que Brenda Osnaya y José Alan Frías brillaron en la categoría de silla de ruedas.

Este año lo vivimos de cerca: mi amiga Nat corrió el maratón y la fuimos a apoyar a lo largo del recorrido. Verla cruzar avenidas llenas de aplausos y colores fue un recordatorio de lo que significa este maratón: esfuerzo, disciplina y corazón.

Pero no todo fue celebración. Un bache en Chapultepec provocó la caída de líderes en silla de ruedas, dejando fuera al colombiano Francisco Sanclemente y recordándonos una dolorosa realidad: la infraestructura no siempre está a la altura de los atletas.

Aun así, el espíritu deportivo prevaleció. El recorrido —del Estadio Olímpico al Zócalo— se llenó de orgullo y pasión, y la medalla conmemoró los 700 años de México-Tenochtitlan.

El Maratón CDMX es más que una carrera: es un espejo de nuestra ciudad. Potencia, pasión, resistencia… pero también retos pendientes. Si queremos que siga brillando, debemos pavimentar no sólo sus calles, sino también su futuro.

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