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Por Miguel García Conejo
@kurt2767
En el tercer año de gobierno de Delfina Gómez Álvarez, la cifra de 1.9 millones de mexiquenses que salieron de la pobreza destaca entre los resultados presentados.
Pero hay otra medida, menos fácil de resumir en una gráfica, que también merece atención: las personas que se acercaron para agradecer en el marco de su informe.
No eran únicamente militantes ni representantes partidistas. Entre quienes acudieron había trabajadores y ciudadanos que, según contaron, recibieron por primera vez un apoyo público.
Para ellos, el beneficio no fue un dato distante, sino una ayuda que llegó a sus hogares después de años en los que sintieron que las instituciones no los miraban.
Esas historias no sustituyen la evaluación de los programas ni eximen al gobierno de explicar a quiénes llegan, con qué resultados y bajo qué criterios.
Pero sí aportan una dimensión concreta al balance: muestran cómo una política social puede cambiar la relación de una persona con el gobierno cuando el apoyo responde a una necesidad real y no depende de su afiliación política.
Cientos se acercaron, solo para decir “gracias”. Ese gesto habla de una experiencia de cercanía que vale la pena escuchar y sostener.
También plantea una responsabilidad: que los beneficios continúen, alcancen a quienes aún los necesitan y se entreguen sin distinción partidista.
Un gobierno se mide por sus cifras y por la vida cotidiana que logra mejorar. En el Estado de México, esas muestras de agradecimiento sugieren que algunas personas encontraron en la política social un aliado.
Mantener esa confianza exigirá resultados verificables, atención constante y puertas abiertas para toda la ciudadanía.
