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Por Eduardo López Betancourt
Delegar responsabilidades
En un gran negocio, el propietario decidió dejar a una mujer como responsable del mismo; sin embargo, en el fondo continuaba manejándolo, circunstancia que todos conocían.
El establecimiento otorgaba créditos a sus principales clientes, pero éstos, lejos de respetar la autoridad de la encargada, acudían directamente al dueño. Éste, de manera equivocada, resolvía sobre tales asuntos, provocando que la responsable perdiera autoridad y credibilidad.
Lo más grave fue que incluso los propios empleados comenzaron a dirigirse directamente al propietario, marginando a la encargada, quien terminó convertida en un simple “parapeto”. Esta situación generó desorden en la administración y el negocio comenzó a sufrir quebrantos, hasta llegar finalmente a una quiebra de lamentables consecuencias.
Resulta evidente que cuando se delegan facultades a un subordinado es indispensable respaldarlo plenamente y otorgarle la autoridad necesaria para enfrentar los problemas cotidianos. De lo contrario, se produce un fenómeno tan perjudicial como el que vivió la empleada mencionada, cuya falta de reconocimiento terminó por provocar un desastre empresarial.
Saber delegar responsabilidades es un elemento esencial en cualquier ámbito: lo mismo en la política, en la actividad mercantil, en la educación e incluso en la vida religiosa. En este último terreno encontramos un ejemplo claro: a un sacerdote se le confiere plena autoridad sobre una capilla, iglesia o catedral. Él decide y actúa conforme a los lineamientos establecidos; aunque en algunos asuntos pueda consultar, en la mayoría de los casos es quien resuelve.
De ahí que resulte fundamental respetar a los subordinados, nunca menospreciarlos ni colocarlos en situaciones que los ridiculicen, pues con ello se destruye lo que podría ser beneficioso para cualquier institución o negocio.
Debemos entender que la vida tiene ciclos. En virtud de ello, al llegar a cierta edad conviene actuar con congruencia y aceptar que el retiro es una etapa que todos, tarde o temprano, estamos llamados a considerar y asumir en el momento oportuno.