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Por Juan R. Hernández
“Podemos trabajar en ese tema”. La frase no fue casual. El presidente de Grupo Modelo, Daniel Cocenzo, dejó abierta la puerta a una posibilidad que, aunque suene muy lejana, vuelve a encender la ilusión de miles: traer al reguetonero Bad Bunny a México.
No fue un “no”. Y en política, en negocios y en espectáculos, eso significa mucho.
La pregunta no surgió de la nada. Tiene memoria, tiene herida. Se remonta al año 2022, cuando el artista puertorriqueño llegó a la CDMX y dejó, además de euforia, una estela de frustración: clonación de boletos, fraudes, accesos negados y jóvenes llorando a las puertas del concierto. Un episodio que exhibió fallas graves y, peor aún, la vulnerabilidad de miles de fans.
El tema escaló tanto que llegó hasta la mañanera del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Ahí, con tono inusual, el tabasqueño confesó que “le partía el corazón” ver a los jóvenes afectados y lanzó una propuesta directa: un concierto gratuito para resarcir el daño.
La idea no quedó en el aire. La entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, buscó acercamientos con el equipo del cantante. Sin embargo, la respuesta fue fría: la agenda del artista estaba saturada, comprometida hasta por dos años.
Y ahí quedó todo… congelado.
Hoy, el contexto es distinto con el Mundial de Fútbol en puerta. Grupo Modelo ya demostró músculo con eventos masivos, como el reciente concierto de Shakira en el Zócalo. La logística existe, el respaldo también y, sobre todo, la experiencia para organizar espectáculos de gran escala sin repetir errores del pasado.
Por eso, la declaración de Cocenzo no es menor. Es, quizá, el primer guiño serio para retomar aquella promesa que no se concretó.
¿Será posible ahora sí saldar esa deuda con los fans? En México, cuando se alinean política, empresa y espectáculo, nada es imposible. Al tiempo.