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Por Eduardo López Betancourt
Nepotismo y corrupción se exhiben
Así bien puede denominarse al dueto que hoy mal gobierna el estado de Guerrero. Padre e hija “hacen de las suyas” y, como pocas veces, el nepotismo y la corrupción se exhiben en su máxima expresión.
El manejo del presupuesto público permanece en manos de la familia, al igual que numerosos cargos de relevancia. El lamentable gobernante de facto colocó a la pareja de la mandataria al frente de la obra pública; y al “yerno”, como presidente de la Junta de Coordinación Política en la Cámara de Diputados; y en el ámbito judicial, a personajes cercanos que hoy controlan, además la Secretaría de Finanzas y Administración. Todo ello evidencia un escenario inquietante: la justicia parece venderse al mejor postor y el clima político se torna cada vez más sombrío. En fechas recientes, incluso se ha presentado un episodio escandaloso en el que el propio padre ha entrado en confrontación con altos mandos del partido gobernante.
De manera expresa se ha proclamado el rechazo al nepotismo; sin embargo, en abierta provocación, esta figura política pretende, de manera francamente ridícula, suceder a su propia hija en el cargo, en un desafío directo a los planteamientos presidenciales. Bien sabe el contumaz infractor, vinculado además a señalamientos relacionados con el narcotráfico, que jamás podrá ser gobernador. De llegar a concretarse tal despropósito, el País asistiría a un auténtico sainete político que vulneraría los principios elementales del ejercicio público. En realidad, con estas desmedidas ambiciones se busca garantizar la impunidad de su descendiente, lo cual sería verdaderamente grave si las autoridades no actuaran con firmeza frente a esta pandilla de personajes insensatos.
Resulta indispensable que el periodo de gobierno protagonizado por padre e hija sea investigado y sancionado por sus reiterados actos de corrupción y evidente complicidad, de modo que se establezca un precedente ejemplar.
El pueblo exige que no haya complacencias ni concesiones para quienes han actuado como auténticos truhanes, en perjuicio del erario y, sobre todo, de las legítimas aspiraciones de una sociedad que anhela mejores horizontes. La entidad suriana demanda un gobierno honesto, responsable y capaz de conducirla hacia objetivos verdaderamente nobles.