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Acto de justicia social

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Por Xóchilt Bravo Espinosa

Fin de las “pensiones doradas”

Las excesivas pensiones y jubilaciones que se otorgan en varias entidades públicas representan un uso indebido del poder, porque se construyeron privilegios económicos para unos cuantos. Por ello, ponerles un límite significa un acto de justicia para el pueblo de México, ya que los recursos que se recuperen se traducirán en más obras, servicios y programas sociales en su beneficio.

El 26 de marzo, las y los diputados de la Transformación en el Congreso de la Ciudad de México votamos a favor de la Minuta de reformas al Artículo 127 de la Constitución Política Federal, con las que se pone fin a las “pensiones doradas”, porque siempre velaremos por el bienestar de la gente. Fue en una sesión a la que faltaron las y los diputados del PAN. “El que calla, otorga”, dice un refrán popular.

Ese día, subí a tribuna para razonar mi voto sobre la iniciativa de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum, porque coincido con ella en que el presupuesto público que antes era para unos cuantos, hoy debe destinarse a la población, sobre todo para aquellos que tienen menos recursos. Con esta reforma, se confirma la premisa de que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre.

Pero esta transformación no inició ahorita. En la gestión del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador se eliminaron las exorbitantes pensiones para los exmandatarios del país, lo que constituyó uno de los primeros pasos en la construcción de esta nueva etapa en la vida de las y los mexicanos. En contraste, se garantizó el derecho de miles y miles de adultas y adultos mayores a tener una pensión digna por ley.

Las pensiones y jubilaciones excesivas significan uso indebido del poder para obtener privilegios económicos, por lo que el sentido profundo de esta reforma es defender los derechos de las mayorías. No más pensiones de un millón de pesos mensuales; no más jubilaciones pagadas por el pueblo.

Los puestos públicos son encargos; son una responsabilidad frente a la nación, no una puerta de entrada para garantizar una pensión de privilegios de por vida. En los gobiernos de la Cuarta Transformación no sólo se predica, sino se actúa para mejorar la calidad de vida de la gente. Seguiremos avanzando por esta ruta y nadie, absolutamente nadie, nos podrá desviar del camino.

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