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Ana E. Rosete
La figura de las curules plurinominales en el Congreso mexicano ha permitido la llegada de personajes que, en muchos casos, carecen de trayectoria política, pero cuentan con reconocimiento público en otros ámbitos como el espectáculo, la literatura o el deporte.

A lo largo de los años, nombres como Carlos Bracho, Silvia Pinal, María Rojo y Sergio Mayer han ocupado espacios legislativos impulsados por distintos partidos, pese a que su formación profesional se encuentra lejos del ámbito político.
El fenómeno no se limita al mundo del espectáculo. También han llegado al Congreso figuras de la cultura y el pensamiento como Elena Poniatowska, Laura Esquivel, así como Jaime Sabines, Eraclio Zepeda y Andrés Henestrosa, quienes fueron postulados principalmente por el PRI y otros partidos.
En el ámbito deportivo, destaca el caso de Cuauhtémoc Blanco, quien pasó de las canchas a ocupar cargos públicos, incluyendo una curul plurinominal, impulsado por Morena.
Asimismo, perfiles académicos e intelectuales como Rolando Cordera Campos, Jorge Alcocer Villanueva y Adolfo Aguilar Zínser también han sido integrados al Poder Legislativo bajo esta vía, sin necesariamente haber construido una carrera política tradicional.
Otros casos incluyen a Carmen Salinas y Enriqueta Basilio, quienes llegaron al Congreso respaldadas por su popularidad más que por experiencia legislativa.
Este patrón ha alimentado el debate sobre el uso de las plurinominales, originalmente diseñadas para garantizar la representación proporcional de las fuerzas políticas, pero que en la práctica han servido para colocar perfiles mediáticos o cercanos a las élites partidistas.
La presencia de estas figuras abre cuestionamientos sobre la profesionalización del Congreso y el verdadero propósito de estas curules, en un contexto donde la representación ciudadana y la experiencia en la toma de decisiones públicas siguen siendo temas centrales de discusión.