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Por Lengua Larga
Hay políticos que viven en otra realidad… y luego está Juan Pablo Viggiano, que ya directamente abrió sucursal en el multiverso.
Resulta que el joven concejal, hijo de Carolina Viggiano y e hijastro del siempre presente Rubén Moreira, decidió acercarse al pueblo bueno de la colonia Pensil en la Miguel Hidalgo con una jornada comunitaria que, más que resolver problemas, parecía experimento social.
Porque claro, ¿quién necesita calles sin baches, alumbrado público o recolección de basura cuando puedes acceder a… reiki para mascotas? Prioridades, le llaman.
Pero eso no es todo. En un giro digno de comedia involuntaria, también se ofreció “lavado óptico”. Sí, así como suena: un procedimiento que, en el mundo real, requiere especialistas y razones médicas, pero que en la dimensión Viggiano aparentemente se reparte como si fueran volantes. Obvio, miles de personas quieren que les laven los ojos en un parque lleno de tierra.
Los vecinos, con los pies un poco más plantados en la tierra (esa que sí tiene hundimientos y basura), no tardaron en reaccionar. La jornada fue motivo de burla, porque mientras la colonia enfrenta problemas básicos, el concejal decidió que lo urgente era un taller de introducción a la robótica. Porque nada dice “gestión pública efectiva” como enseñar a programar mientras esquivas coladeras abiertas.
Y por si alguien dudaba del nivel de desconexión, el propio Juan Pablo asegura que su trabajo no es valorado y que ya está acostumbrado al “hate”, porque, según él, desde chiquito ha sido odiado y envidiado por muchos… por ser hijo de Carolina Viggiano.
Aquí es donde la pregunta se escribe sola: ¿envidia? ¿De verdad? ¿De qué exactamente? Porque el apellido no solo carga reflectores, también arrastra señalamientos, como los relacionados con la llamada Estafa Siniestra en Hidalgo, un caso donde autoridades han investigado el presunto desvío de recursos públicos por millones de pesos. Tema menor, supongo, frente al urgente desafío de armonizar chakras caninos.
Pero bueno, cada quien sus prioridades. Mientras unos piden servicios básicos, otros reparten energía cósmica y clases de robótica. México mágico, diría Lía Limón… y sus políticos también.