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Claudia bien, colaboradores no

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Por Eduardo López Betancourt

Enfrenta desafíos complejos

La Presidenta de México, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, enfrenta con intensidad una serie de desafíos complejos. Entre ellos destaca la constante crítica proveniente del mandatario del País vecino, quien cada vez que tiene oportunidad cuestiona su actuación. En ocasiones lo hace con un tono nada diplomático, aunque también reconoce algunas de sus cualidades. En el fondo, sin embargo, parece inconforme con la postura nacionalista que ha asumido la jefa del Estado mexicano.

Recientemente la mandataria tuvo que atravesar momentos difíciles que la obligaron incluso a salir personalmente en defensa de su postura. Lo preocupante es que, una vez más, sus colaboradores brillaron por su ausencia. Particularmente llama la atención el papel de quien encabeza la Cancillería, cargo que exige experiencia y destreza en asuntos internacionales.

Juan Ramón de la Fuente fue un colaborador cercano de gobiernos priístas. Durante la administración de Ernesto Zedillo ocupó la titularidad de la Secretaría de Salud y posteriormente llegó a la Rectoría de la UNAM. En buena medida, su trayectoria se vio favorecida por sólidas relaciones políticas y familiares. No obstante, su salto a la conducción de la política exterior del País ha generado cuestionamientos.

Históricamente, esa responsabilidad recayó en figuras con sólida formación internacionalista, como Antonio Carrillo Flores, Luis Padilla Nervo y Manuel Tello Macías, diplomáticos que dieron prestigio al derecho internacional mexicano.

La Presidenta no tendría por qué enfrentar sola todos los problemas de la Nación. Para eso existen los equipos de gobierno: colaboradores capaces, leales y profesionales que respalden las decisiones del Ejecutivo.

De ahí surgen preguntas inevitables: ¿confía plenamente la Presidenta en todos los integrantes de su gabinete? ¿Considera que cada uno tiene capacidad para las delicadas responsabilidades que desempeña?

Tal vez convendría formular estas mismas interrogantes al pueblo de México. La percepción general parece indicar que existe una mandataria que cumple con su papel, pero que quizá no cuenta con un equipo a la altura de las circunstancias.

Por ello resulta indispensable que, en los próximos meses, tanto secretarios de Estado como directores de empresas públicas sean evaluados con rigor. En cualquier gobierno, los ajustes en el gabinete son una herramienta necesaria para corregir rumbos.

México cuenta con mujeres y hombres de gran capacidad para asumir responsabilidades públicas. Corresponderá a la Presidenta tomar decisiones firmes y, llegado el caso, sustituir a quienes no han estado acorde a sus funciones.

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