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La comunidad estudiantil de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México, rindió homenaje a la estudiante hallada sin vida el 6 de marzo en Toluca
REDACCIÓN
El silencio se apoderó de los pasillos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México. Este lunes, estudiantes, docentes y amigos se reunieron frente al Edificio A para rendir homenaje a Jarim Virginia Roldán, alumna de la licenciatura en Filosofía, cuyo cuerpo fue encontrado sin vida el pasado 6 de marzo en el departamento donde residía en la capital mexiquense.

Veladoras encendidas, flores blancas y fotografías de la joven fueron colocadas en un altar improvisado que pronto se llenó de mensajes escritos por sus compañeros. Frases como “Justicia para Jarim”, “Ni una más” y “Tu voz sigue aquí” comenzaron a cubrir los muros del plantel, reflejando el dolor y la indignación que atraviesa a la comunidad universitaria.

La ceremonia no siguió un protocolo formal. En cambio, se convirtió en un espacio de memoria colectiva donde amigos y compañeros reprodujeron canciones que la estudiante solía escuchar. Entre música y silencio, muchos de los presentes no pudieron contener las lágrimas al recordar a la joven filósofa que hasta hace unos días compartía aulas, debates y proyectos académicos.
De forma paralela, los estudiantes organizaron una colecta económica para apoyar a la familia de Jarim Virginia con los gastos funerarios y los trámites legales derivados de su muerte. El gesto solidario reunió aportaciones de alumnos y profesores, quienes coincidieron en que la comunidad universitaria no puede permanecer indiferente ante lo ocurrido. Para muchos estudiantes, el homenaje también fue una forma de denunciar la violencia estructural que enfrentan las mujeres en el país. Compañeras de la facultad señalaron que la muerte de Jarim Virginia, evidencia las condiciones de vulnerabilidad que viven numerosas jóvenes que estudian lejos de sus hogares y habitan solas en ciudades donde la inseguridad sigue siendo una amenaza cotidiana.
Mientras veladoras y flores permanecían encendidas en el altar, la exigencia de justicia resonaba en los pasillos de Humanidades. Para quienes la conocieron, Jarim Virginia no es una cifra más en las estadísticas de violencia; es el rostro de una compañera cuya ausencia hoy interpela a toda una comunidad universitaria.