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¿Qué pasa en Álvaro Obregón?

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Por Juan R. Hernández

Algo no cuadra en la alcaldía Álvaro Obregón. Mientras el discurso oficial presume cercanía con la gente y atención a los problemas cotidianos, la realidad empieza a contar otra historia: desapariciones de jóvenes que preocupan a las familias y, al mismo tiempo, una inexplicable indiferencia institucional hacia el gremio periodístico.

La diputada panista Liz Salgado encendió las alarmas al señalar que las desapariciones en la Ciudad de México han aumentado 27 por ciento en lo que va del año, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

Y el problema no es ajeno a Álvaro Obregón. En esa demarcación —gobernada por Javier López Casarín— ya se contabilizan 19 casos en los primeros meses del año. No son cifras frías: son historias de familias que viven entre la angustia y la incertidumbre.

El caso más reciente es el de Heidi Naomi, una adolescente de 14 años vista por última vez en la colonia Primera Victoria. Lo más inquietante es que su hermano, Marco Antonio, desapareció en diciembre pasado y tampoco ha sido localizado. A ello se suma Diego Moysés, otro joven de 16 años desaparecido en Olivar del Conde.

¿Dónde está la estrategia territorial? ¿Dónde el acompañamiento institucional a las familias? Porque en seguridad y búsqueda, el silencio administrativo no puede ser opción.

Pero mientras estos casos exigen atención urgente, en el ámbito político ocurre otro síntoma preocupante: el desdén hacia el periodismo.

La diputada Brenda Ruiz denunció la falta de interés para concretar la entrega de la Medalla al Mérito Periodístico en el Congreso de la Ciudad de México, señalando directamente al diputado Ricardo Rubio Torres, presidente de la comisión correspondiente.

El reconocimiento al trabajo periodístico no es un simple acto protocolario; es una señal del respeto institucional hacia la libertad de expresión. Cuando ni siquiera se cumple con algo tan elemental, el mensaje que se envía es preocupante.

Entre desapariciones que requieren respuestas urgentes y una agenda pública que parece perder prioridades, la pregunta queda en el aire:

¿Quién está realmente gobernando y atendiendo los problemas en Álvaro Obregón? Porque cuando las autoridades se distraen, la realidad termina imponiéndose. Y esa realidad hoy exige respuestas, no silencios.

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