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Cada uno tiene una historia y un significado político que se ha construido a lo largo de décadas de luchas por los derechos de las mujeres en distintas partes del mundo
Ana E. Rosete
En las marchas, en los pañuelos, en los carteles y hasta en las redes sociales, el movimiento feminista se reconoce también por sus colores. Cada uno tiene una historia y un significado político que se ha construido a lo largo de décadas de luchas por los derechos de las mujeres en distintas partes del mundo.
El morado —también llamado violeta— es uno de los símbolos más antiguos del feminismo. Su origen suele vincularse con el incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist Factory fire, ocurrido en Nueva York en 1911. Durante una huelga de trabajadoras, el dueño de la empresa Triangle Shirtwaist Company cerró las instalaciones y un incendio provocó la muerte de 129 mujeres. La historia popular cuenta que un humo de tono morado salió de las llamas debido a las telas que se trabajaban en el lugar. Con el tiempo, el morado quedó asociado a la igualdad y a la lucha histórica de las mujeres por sus derechos laborales y sociales, resultado simbólico de la mezcla entre el rosa y el azul.

Otro color que se ha convertido en bandera política es el verde. Este pañuelo representa la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, particularmente el acceso al aborto legal, seguro y gratuito. El símbolo nació en Argentina en 2003 y se popularizó masivamente a partir de 2018 en América Latina y posteriormente en Estados Unidos en 2022. El diseño se inspiró en los pañuelos blancos que utilizan las Madres de Plaza de Mayo, quienes desde la dictadura militar argentina marchan para exigir justicia por sus hijos desaparecidos.
El rosa también tiene un significado dentro del movimiento. En México, la cruz rosa comenzó a utilizarse en la década de los noventa por familiares de víctimas de feminicidio en Ciudad Juárez para denunciar la violencia contra las mujeres. Además, el lazo rosa fue impulsado por la organización Susan G. Komen para generar conciencia sobre el cáncer de mama. Con el tiempo, el color también se ha utilizado para denunciar el acoso sexual y la violencia de género a partir del movimiento MeToo.
El naranja es considerado el color más institucional de la lucha contra la violencia de género. Simboliza la prevención y erradicación de la violencia hacia mujeres y niñas. En 2008, ONU Mujeres lanzó la campaña “ÚNETE” y estableció el día 25 de cada mes como el “Día Naranja”, una jornada para visibilizar y promover acciones contra la violencia.
Más recientemente surgió el color dorado. En 2023, la activista Ana Valderrama propuso este tono para representar a las mujeres sobrevivientes de violencia. El dorado simboliza la restauración personal, los procesos de sanación, el apoyo mutuo y el autocuidado colectivo. También se utiliza para visibilizar a sobrevivientes de feminicidio en grado de tentativa, trata, violación o violencia digital, bajo la idea de reconstruirse con su propio “oro”, similar al arte japonés del kintsugi que repara las fracturas con metales preciosos.
Así, los colores del feminismo no solo identifican a un movimiento global que cada año se expresa con fuerza durante el 8 de marzo. También narran historias de dolor, resistencia y esperanza que, a lo largo del tiempo, han dado forma a una lucha que sigue transformándose.