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Diana Sánchez Barrios
Hoy me referiré a un tema que considero importante en mi agenda legislativa: se trata de los derechos de los animales como seres que pueden sentir y también sufrir.
Considero que debemos transformar la condición instrumental en la que los hemos mantenido para combatir el discurso que oculta el daño sistemático que también les provocamos. Al considerarlos como parte de un andamiaje jurídico donde son concebidos como cosas, se aniquila la otredad animal y sus derechos. Por ello es que hablar de cambio de mentalidades, significa transformar aquella percepción que propaga la falsa idea de que el mundo en que vivimos es el mejor bajo la tutela humana. Hemos cometido muchos errores y no deseamos ver a otras personas –sobre todo a las generaciones más jóvenes- cometiéndolos.
Por ello, hace días presenté ante el Pleno del Congreso de la Ciudad de México tres iniciativas sobre bienestar animal. La primera ante el Congreso de la Unión para abordar la prohibición del tráfico de animales a través de internet donde se ha desarrollado un mercado clandestino para la comercialización ilegal de especies protegidas; la segunda para adicionar al Código Penal CDMX castigos para quienes pinten o alteren a los animales con sustancias químicas que les causen intoxicaciones, quemaduras y sufrimientos de cualquier tipo; y la tercera para modificar la Ley de Protección y Bienestar de los Animales CDMX para prohibir las mutilaciones estéticas en animales. Todas estas prácticas causan sufrimiento, infecciones y daños permanentes.
Un dato alarmante es que México ocupa el tercer lugar mundial y el primero en América Latina en maltrato animal. El INEGI informa que cada año son asesinados 60 mil animales derivado del maltrato sufrido, que existen casi 30 millones de perros y gatos viviendo en las calles, y por si fuera poco, que anualmente 500 mil mascotas son abandonadas por sus propietarios.
Sintiente significa ser consciente y sentir emociones como placer y dolor, por las cuales podemos sobrevivir en un mundo lleno de sensaciones. Actualmente, existe suficiente evidencia científica para demostrar que las emociones tienen gran importancia entre los seres sintientes quienes experimentan dolor, ansiedad, sufrimiento físico y psicológico cuando están cautivos o sin alimentos, por limitaciones físicas o ante situaciones de sufrimiento. Con el tiempo, el lugar que ocupan los animales en nuestras vidas ha cambiado profundamente. Ellos ahora han adquirido una importancia completamente nueva y la preocupación social por su condición se reafirma con vigor.
El reconocimiento de derechos para los animales ha seguido un largo camino que se remonta al siglo XIX cuando aparecieron las primeras sociedades protectoras. En 1822 el Parlamento Británico aprobó la primera ley contra el maltrato animal. A partir de entonces, la denuncia ilustrada contra la crueldad no ha dejado de apuntar hacia los animales. Desde el clásico texto del reformador social Henry Salt, titulado: “Los Derechos de los Animales” de 1892, hasta las reflexiones contemporáneas de la bioética reflejadas en la obra del filósofo Tom Regan: “En Defensa de los Derechos de los Animales” de 2004, existe coincidencia en que el reconocimiento de sus derechos surgirá de un convencimiento ético compartido por la sociedad.
Nuestra cultura cívica evoluciona, no cabe duda. Hemos recorrido los tres senderos que conducen en los sistemas políticos democráticos al establecimiento de los derechos para los animales no humanos: la discusión sobre si ellos son portadores de intereses que puedan ser reconocidos como derechos, la creación de un amplio consenso social en torno a los valores que sostienen tales derechos, y su incorporación en las normas jurídicas. Los derechos avanzan en la CDMX para quienes la habitamos.