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La delgada línea

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Por Ana E. Rosete

Se escribe desde los hechos

Hay una pregunta que me hacen con frecuencia, casi siempre en tono de sospecha: “¿De verdad escribiste esa nota por razones periodísticas o porque tienes algo personal contra esa persona?”.

La pregunta revela más de quien la formula que de quien escribe. Porque detrás de ella hay una idea profundamente arraigada: que el periodismo crítico nace del resentimiento, del enojo o de la cercanía personal.

Como si no tuviéramos método. Como si no tuviéramos datos. Como si no existiera algo llamado trabajo.

En política, esa sospecha aparece todo el tiempo. Si señalas errores, te acusan de tener un pleito personal. Si documentas abusos, dicen que es vendetta. Si incomodas al poder, la explicación fácil es que “hay algo detrás”.

Pero pocas veces se habla de la verdadera tensión que vivimos quienes cubrimos la política todos los días: la delgada línea entre el periodismo y la vida privada.

Porque los periodistas también somos personas. Tenemos afectos, amistades, historias comparti-das. En la política mexicana, donde todos terminan coincidiendo en los mismos espacios —campañas, cafés, oficinas, pasillos de gobierno— es inevitable que se generen vínculos humanos.

Y ahí aparece la pregunta incómoda:

¿En qué momento dejas de ser persona para seguir siendo reportera?

La respuesta es que no dejas de ser ninguna de las dos cosas. Pero sí tienes que aprender a separarlas.

El periodismo no se escribe desde la simpatía ni desde la antipatía. Se escribe desde los hechos. Desde la responsabilidad de contar lo que ocurre, incluso cuando eso incomoda a quienes aprecias.

Y sí, a veces eso significa escribir sobre alguien que conoces. La política, sin embargo, no se evalúa con base en afectos.

Se evalúa con base en decisiones.

Si un funcionario toma decisiones equivocadas, si abusa del poder, si miente o si falla en su responsabilidad pública, el periodismo tiene la obligación de decirlo. Aunque exista cercanía. Aunque incomode. Aunque duela.

Porque la función del periodismo no es proteger relaciones personales.

Es proteger el derecho de la sociedad a saber.

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