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Por Jorge Gómez Naredo
Democracia más eficiente
Los voceros de la derecha difunden -sin ningún pudor- que, si la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum no se aprueba, será un “gran fracaso” para ella, pues demostraría “debilidad”.
Por ejemplo, Salvador Camarena, en El País, escribió un artículo titulado “La paradoja de Sheinbaum: poderosa al exterior, débil con los aliados”, en el que afirma: “La autoridad presidencial solía no permitir escenarios donde los aliados quisieran conducir lo que solo toca a la Presidencia; todo lo contrario al recital que ha dado esta Presidencia, que hasta anoche ni los había convencido, ni los había orillado a someterse”.
Por su parte, José Carreño Carlón, en El Universal, cataloga la no aprobación de la reforma electoral como un “naufragio”, pues “así puede sintetizarse el desencuentro entre el régimen y sus aliados del PT y el Verde”.
Esta idea de que la no aprobación de la reforma electoral sería un rotundo “fracaso” para Claudia Sheinbaum es absurda. Para empezar, que no se apruebe una reforma no implica un naufragio de la mandataria mexicana. Al contrario: ella le cumplió al pueblo, pues en campaña afirmó que presentaría una reforma electoral para hacer nuestra democracia más eficiente y menos costosa.
Ahora bien, los partidos aliados de Morena sí enfrentarían consecuencias si deciden no aprobarla. Y no necesariamente por parte de Morena, sino de la población que les otorgó su voto para que Claudia Sheinbaum alcanzara la mayoría calificada en el Poder Legislativo.
¿Cómo solicitarán el Partido Verde y el Partido del Trabajo el voto en 2027 para “continuar con la Cuarta Transformación” si fueron ellos quienes impidieron, con su decisión, que esa transformación se profundizara mediante una reforma electoral? ¿Volverá el pueblo a confiar en ellos?
Para la presidenta Claudia Sheinbaum no será ningún fracaso. Al contrario: sería una oportunidad parao exhibir a quienes traicionan al pueblo.