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A pesar del veto federal, cigarros electrónicos circulan en tianguis, redes y calles; jóvenes acceden fácilmente
JUAN R. HERNÁNDEZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- La ley lo prohíbe tajantemente desde el 16 de enero de 2026, pero, en la CDMX, los vapeadores se venden como pan caliente entre puestos de mercado, tianguis y grupos digitales.

En el tianguis de Iztapalapa y la calle República de Argentina, en el Centro Histórico, vendedores exhiben dispositivos de distintas marcas con una sonrisa despreocupada y precios que van de $250 a $800, según su diseño y cantidad de líquido. Lo anuncian como si nada —“entra y pruébalo, está bien barato”—, ignorando que la fabricación, venta y distribución de estos dispositivos es ilegal en todo el país.
Además, en redes como Facebook, grupos abiertos con cientos de miembros ofertan vapeadores por entrega en estaciones del Metro, con precios aún más bajos. En algunos anuncios hasta hablan de “kits escolares” con colores, sabores frutales y envíos discrecionales. Esto alarma a los especialistas, pues ven en ese tipo de estrategias una puerta abierta al consumo entre adolescentes.
La Cofepris ha reafirmado su postura: estos productos contienen sustancias perjudiciales y su comercialización está prohibida por decreto. Sin embargo, la falta de sanciones efectivas y la demanda persistente han permitido que el mercado negro permanezca activo, casi como si la norma fuera letra muerta.
Organizaciones médicas alertan que el uso de vapeadores sigue creciendo entre jóvenes, duplicándose en los últimos años. Apuntan que la publicidad encubierta en redes sociales contribuye a normalizar este hábito pese a los riesgos de daño pulmonar y adicción.
Autoridades locales reconocen la magnitud del problema: aunque se han realizado operativos y decomisos en zonas como San Felipe de Jesús, la venta clandestina continúa y se requiere mayor coordinación para realmente frenar la distribución ilegal de estos dispositivos en la capital.
Así, mientras la ley endurece penas y multas, el comercio clandestino de vapeadores sigue encontrando espacios y audiencias, en un reflejo de la compleja batalla entre normatividad sanitaria y mercado subterráneo que crece a la vista de todos.