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Por Jorge Gómez Naredo
@jgnaredo
Estados Unidos se siente dueño del mundo. Si una nación se enemista con ese país, enfrenta las consecuencias: amenazas, invasiones u operativos para eliminar (matar) a mandatarios y líderes sociales.
En enero de este año, Estados Unidos montó una operación militar en Venezuela.
Secuestraron al presidente Nicolás Maduro y hoy, preso en Nueva York, enfrenta acusaciones que resultan risibles.
Este sábado, Estados Unidos, en conjunto con Israel, bombardeó Irán y asesinó al líder de esa nación. El operativo fue criticado por gran parte de la comunidad internacional. Además de asesinar al mandatario iraní, los bombardeos destruyeron una escuela y más de 150 niñas murieron.
Estados Unidos se ha convertido en una amenaza para la paz mundial. Desde la llegada de Donald Trump, por segunda vez, a la presidencia, las tensiones internacionales no han cesado. Trump ha amenazado a mandatarios de América Latina y Oriente Medio, e incluso ha intentado apropiarse de territorios como Venezuela o Groenlandia.
La hegemonía estadounidense parece haber revivido, más agresiva que en los años setenta u ochenta. Sin embargo, ese resurgimiento oculta un proceso de decadencia del imperialismo norteamericano. Trump se ha dedicado a amenazar al mundo y, aunque ello le ha proporcionado ciertos beneficios, terminará por derrumbar al imperio estadounidense.
Estados Unidos enfrenta problemas económicos, políticos y de liderazgo. Los demás países lo saben. Por ello, Trump ha decidido ocultar las debilidades de su país y de su gobierno mediante amenazas, intimidaciones, uso de armas y otras estrategias.
Se avecinan años complicados, porque Estados Unidos, a pesar de su proceso de decadencia, intentará disimularlo con más violencia y arrogancia. Pero el imperio caerá: no de inmediato, aunque cada vez se acerca más su fin.