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Tras comprobarse que golpeó hasta la muerte a su hijastra dentro del propio hogar, un juez dictó una sentencia de 43 años y 9 meses de prisión
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
El infierno que vivió una niña en San Salvador Atenco terminó por alcanzarla incluso después de la muerte.
A casi cuatro años del crimen, la justicia dictó una sentencia de 43 años y 9 meses de prisión contra Dulce Carolina Hernández Ramírez, la madrastra de la infortunada pequeñita que convirtió un hogar en escenario de castigo, tortura y muerte.
Los fatales hechos ocurrieron en diciembre de 2020.
Aquella tarde, la menor quedó bajo el cuidado de quien debía protegerla.
En lugar de ello, fue sometida a una inhumana golpiza.
Puños, golpes y violencia descontrolada descargaron su furia sobre un cuerpo indefenso.
Las lesiones fueron tan graves que la niña murió dentro de la vivienda, sin posibilidad de recibir cualquier tipo de auxilio.

Vecinos recuerdan con horror aquel día.
“Se escuchaban gritos, llanto… después todo quedó en silencio. Nunca se nos va a olvidar”, relató una habitante de la zona, aún conmocionada por tan despiadado suceso.
Otros de los habitantes reconocen que había señales previas.
“Uno escucha ruidos y no imagina que adentro estén matando a una niña”, confesó otro testigo.
Con las investigaciones correspondientes la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) documentó cada herida, cada golpe y cada omisión a la que fue sometida la menor.
Diversos peritajes médicos practicados al maltrecho cuerpo de la pequeña infante, confirmaron que la causa del fallecimiento se debió a una violencia física extrema.
La acusada fue detenida y recluida en el Penal de Texcoco, donde enfrentó el proceso judicial una vez que las autoridades ministeriales conocieron el salvaje hecho.
El fallo fue contundente: culpable.
Además de la pena corporal, se ordenó la suspensión de sus derechos civiles y políticos.
En Atenco, la sentencia no borra el dolor, pero deja claro que la crueldad también paga condena.