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Habitantes de la comunidad de San Lorenzo, bloquearon la autopista México–Pirámides para exigir la instalación de una parada formal de transporte público
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La paciencia de los vecinos de San Lorenzo llegó a su límite. Desde las primeras horas del jueves, la autopista México–Pirámides permaneció cerrada en ambos sentidos luego de que habitantes de esta comunidad decidieran bloquear la vialidad como medida extrema para exigir una parada formal de transporte público que garantice la seguridad de los usuarios.

La protesta convirtió una de las principales vías de acceso a la zona arqueológica de Teotihuacán en un enorme embotellamiento. Kilómetros de vehículos particulares, autobuses turísticos y unidades de carga quedaron detenidos durante horas, mientras algunos automovilistas, desesperados por la falta de información y rutas alternas, realizaron retornos prohibidos en plena vía de alta velocidad, incrementando el riesgo de choques y atropellamientos.
Los manifestantes señalaron que el cierre no responde a intereses políticos ni a un acto de presión improvisado.
Denuncian que, desde hace años, los usuarios del transporte público se ven obligados a ascender y descender de las unidades directamente sobre la autopista, sin bahías, señalización ni protección alguna. Esta situación, aseguran, ha derivado en múltiples accidentes, caídas y episodios de peligro constante para estudiantes, trabajadores y adultos mayores.
La exigencia de la comunidad es puntual y reiterada: la autorización de una parada segura en el tramo de San Lorenzo. Sin embargo, acusan que la empresa concesionaria ha rechazado sistemáticamente la solicitud, pese a los riesgos evidentes y a los llamados previos realizados ante distintas instancias gubernamentales.
El bloqueo impactó de manera directa la movilidad regional y la actividad turística, afectando comercios locales y traslados cotidianos. Mientras elementos de seguridad y autoridades estatales intentaban entablar diálogo, los vecinos advirtieron que no levantarán la protesta sin un compromiso formal y por escrito.
Para las familias de San Lorenzo, la vialidad se volvió una amenaza diaria. “No pedimos privilegios, pedimos no morir atropellados”, insistieron.