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Por Lengua Larga
No revisaron el tablero
La Asamblea por la Soberanía Nacional pretendía ser un acto solemne. Terminó siendo terapia de grupo con público cautivo. Porque si algo quedó claro en Azcapotzalco es que el lenguaje corporal dice más que mil arengas… y aquí los cuerpos gritaban.
En primera fila, la alcaldesa Nancy Núñez intentando proyectar unidad. A su lado, un Víctor Hugo Romo que parecía más recuerdo que operador. Y como cereza incómoda del pastel: la ausencia de Gabriela Jiménez, pieza fuerte del obradorismo tepaneco. Cuando las ausencias pesan más que las presencias, el discurso se vuelve escenografía.
Pero el verdadero espectáculo no estaba en el micrófono, sino en los aplausos. Porque mientras unos hablaban de soberanía, el respetable decidió ejercer la suya: la más vitoreada fue Azucena Narváez. Sí, la que estaba atrás en el asiento… pero adelante en la ovación. La que sin buscar reflector terminó eclipsando a quien se supone lo tenía garantizado.
Y entonces vino la postal que hizo crujir dientes: en las fotos oficiales, quien decidió posar —abrazadito, sonriente, cómodo— fue Gerardo Trejo, esposo de la alcaldesa y secretario de organización de Morena. Abrazando a Narváez. No una, varias tomas. Qué coincidencia tan coreografiada.
Dicen que no es casualidad. Que en política no existen los abrazos inocentes. Que cada encuadre es un mensaje interno. Porque si algo dejó claro el evento es que el ajedrez ya empezó y alguien no revisó bien el tablero.
Hay quien todavía cree que el poder se ejerce desde la silla. Pero en Azcapo quedó claro que el aplauso pesa más que el asiento. Y tal vez nadie le explicó a más de uno que Narváez no es de las que se deja ningunear ni posar como utilería política.
Aquí el peón ya cruzó media tabla. Y lo más irónico: quizá la reina no está donde creen.
Mientras tanto, la soberanía nacional muy bonita. La soberanía chintolola… esa sí estuvo en disputa. Y se notó.