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Por Ana E. Rosete
La restitución del concejal Emilio Villar en la alcaldía Cuauhtémoc marca el cierre de un episodio que, más allá de su desenlace jurídico, estuvo acompañado de una intensa exposición mediática.
Su confrontación pública con la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega colocó el diferendo en el centro de la conversación política local. Videos, posicionamientos y declaraciones cruzadas abonaron a un clima de tensión que, en los hechos, terminó favoreciendo la visibilidad del propio concejal. Paradójicamente, quien cuestionó el “show” y la “politiquería” encontró en esa dinámica el vehículo para sostener su narrativa y, eventualmente, su reinstalación.
Superada la etapa del conflicto, Villar ha anunciado una nueva estrategia: presencia territorial, recorridos en colonias y difusión constante de gestiones a través de boletines. El mensaje es claro: reconstruir su perfil desde el trabajo de cercanía.
Sin embargo, conviene precisar el alcance institucional de su encargo. Un concejal no ejecuta obra pública ni dispone de presupuesto para resolver de manera directa los problemas urbanos. Su función es supervisar, proponer, acompañar y gestionar ante la administración de la alcaldía. Es un contrapeso político y administrativo, no un operador ejecutivo.
En ese sentido, la narrativa de “resolución inmediata” puede generar expectativas que no corresponden a las atribuciones formales del cargo. El hecho de que solicitudes ciudadanas se ingresen a través del SUAC con el respaldo de un concejal no modifica, por sí mismo, los tiempos ni los criterios de atención de la autoridad.
La política local, particularmente en demarcaciones con alta exposición mediática como Cuauhtémoc, tiende a privilegiar la confrontación y la visibilidad. No obstante, la permanencia en la agenda pública no depende únicamente de la viralidad. Depende de resultados verificables y de la capacidad de construir interlocución institucional, algo que Alessandra le pidió a Villar respecto al Gobierno de la CDMX.
Villar tiene ahora una oportunidad distinta a la que lo llevó nuevamente al concejo: demostrar que, más allá del episodio mediático, puede consolidar un trabajo consistente dentro de los márgenes que establece la ley. En la política capitalina, la exposición es efímera; la credibilidad, en cambio, se construye con tiempo y oficio