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La sangre de los 25 soldados se mezcla con la de los cientos de elementos de las fuerzas de defensa de nuestro país que han dado la vida en el cumplimiento de su deber, hombres y mujeres con nombre y apellido; historia, familia, sueños e ilusiones que fueron truncadas en esta larga e interminable guerra contra el crimen organizado que no terminará a menos que Estados Unidos lo decida porque, lo acepte o no, el narcotráfico deja una derrama económica enorme a nuestro vecino, por donde se le vea es una guerra perdida que solamente ha dejado una historia de sangre violencia y terror.
Paralelo a ello, los gobiernos y mandos que siguen haciendo tratos con miembros del crimen organizado que, mediante amenazas o coacción, han evadido su responsabilidad en proteger a la población; la “cabaña” de super lujo en la que fue aprehendido Nemesio Oseguera, ubicada en el Club Tepalpa fue incluida en las listas de la OFAC desde 2015 por sus nexos con el CJNG, por esos años, el gobernador era el priista Aristóteles Sandoval, luego, Alfaro que salió dejando un fuerte olor a azufre y ahora con Lemus, al que la población no se ha cansado de reprochar su ausencia, tan grave que hasta hubo una fuga de 23 reos el mismo día del operativo contra el Mencho y, hasta el momento de escribir esta columna, siguen reprochando la falta de elementos policiacos que brinden la sensación de seguridad a la población, ni los cybertrucks ni el famoso perro robot que tanto costaron a la población han sido vistos en las calles. Se ha dicho que el ex líder del CJNG había extendido sus redes en 40 países y esto no puede darse sin la colusión de las autoridades locales, federales e internacionales, un hombre con apenas el 5o grado de primaria es imposible que llegue hasta donde lo hizo sin el apoyo de grupos y autoridades que lo empoderen. No se ha descabezado nada, pronto vendrá otro cuasi analfabeta que ocupe su lugar y el cartel tal vez cambie de nombre, porque los verdaderos responsables están mucho más arriba, en los altos mandos de la política, de la policía, del ejército, de Wall Street y, aunque usted no lo crea, de las farmacéuticas norteamericanas, mientras que aquí, seguiremos lamentando más muertes de jóvenes, más sangre derramada, más “daños colaterales” a los que solo sus familias y parte de la población extrañarán mientras continúa repitiéndose esta historia sin fin.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez