25 lecturas
Por Miguel García Conejo
@kurt2767
Abatido fue el mensaje que recorrió al país como un eco largamente esperado. Abatido no solo como palabra, sino como símbolo: el del Estado que se impone frente a uno de los aparatos criminales más violentos de nuestra historia reciente.
Este 22 de febrero quedará marcado como una jornada de quiebre, un golpe directo a la estructura del terror que durante años sembró muerte, miedo y silencio en vastas regiones del país.
Más allá del nombre y del rostro, lo que hoy se celebra es el mensaje político y operativo: el crimen organizado no es intocable.
La acción coordinada de las Fuerzas Armadas mexicanas, en un contexto de cooperación internacional, envía una señal clara de que el Estado ha decidido recuperar territorio, autoridad y dignidad institucional.
Es un golpe de timón que muestra decisión, firmeza y rumbo.
Durante años, el CJNG se erigió como sinónimo de brutalidad, expansión armada y desafío abierto al poder público. Que su liderazgo haya sido neutralizado en el marco de un operativo de alto impacto representa un punto de inflexión. No es el final de la violencia, pero sí una fisura profunda en su narrativa de invencibilidad.
Abatido, entonces, no es solo un individuo. Es la idea de que la ley puede ser doblegada por el miedo. Es la certeza de que, cuando el Estado actúa con determinación, el crimen retrocede.
Hoy México respira distinto: con cautela, sí, pero también con la esperanza de que la justicia, esta vez, no se quedó a medio camino.
Y pésele a quien le pese, este cambio va de las manos de la presidenta Claudia Sheinbaum.