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El festín de los senadores

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Por Ricardo Sevilla

¡Cada vez más, asoman las terribles contradicciones en la Transformación! Hay personajes que no entienden. O no quieren comprender, a propósito. Y es que, mientras el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum gira en torno a la austeridad republicana, las cifras de la Cuenta Pública 2025 del Senado revelan una realidad distinta y paralela.

Lamentablemente, la Cámara Alta no solo ha querido mantener sus privilegios, sino que los incrementó en un millón de pesos respecto al año anterior.

Desgraciadamente, hay una estructura de gasto donde la jerarquía se mide en el plato. En el gran plato de los senadores. Pero usted ya sabe que a mí me gusta hablar con datos duros. Y ahí le van: un trabajador de limpieza, cuya labor sostiene la higiene del recinto, consume un menú de 80 pesos. Pero para los senadores, hay un trato completamente distinto.

Y es que, a unos metros, en los salones de comisiones, un senador disfruta de un lunch de 750 pesos. Esta diferencia del 837% en el valor de los alimentos no es solo una cifra contable. ¡Nel!, dirían en mi barrio. Esto es el triste, símbolo de una casta legislativa que se niega a soltar el cubierto de plata.

Pero aquí hay un componente adicional.

Y hay que exhibirlo con todas sus letras.

Las empresas beneficiadas, WWPL México S.A de C.V y Mobiliarios Mifflin S.A de C.V, que operan contratos que suman más de 21.5 millones de pesos. Mifflin, en particular, destaca por su ubicuidad: lo mismo sirve banquetes en el Senado que organiza eventos masivos en alcaldías como Cuauhtémoc, cobrando facturas millonarias que parecen blindadas ante cualquier política de recorte. Ojalá nos contara sobre ese tema Alessandra Rojo de la Vega.

Pero seamos más categóricos y, si se quiere, incisivos: en un país donde el salario mínimo apenas cubre la canasta básica, el hecho de que un representante popular consuma en una tarde lo que un ciudadano gana en tres días de trabajo crea una desconexión empática.

La brecha entre un lunch de 80 pesos y uno de 750 es la medida exacta de la desigualdad en México. La mayoría de los senadores no son representantes populares, son comensales de lujo a costa de una nación en ayunas.

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