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Por Lengua Larga
El pueblo financia souvenirs
A poco no querido lector, en la 4T la austeridad es dogma. Se recita, se exige, se presume. Se le pide a la base que se apriete el cinturón, que no haya viáticos excesivos, que no se abuse del recurso, que “el pueblo manda”.
Pero parece que el pueblo también… financia souvenirs.
Porque mientras desde el escritorio se sermonea sobre la “austeridad republicana”, Francisca Mendoza —subdirectora de Enlace y Seguimiento de Administración y Finanzas del equipo de Nancy Núñez en Azcapotzalco— afina itinerarios internacionales.
No a Iztapalapa. No a Tlalpan. No a territorio. A la Argentina. A Machu Picchu.
Viajes con presupuestos que en promedio oscilan entre 40 mil y más de 80 mil pesos por persona, según el nivel de comodidad. Nada ilegal en viajar. Faltaba más. Lo que es profundamente político es el contraste.
Porque mientras en oficinas se habla de “optimizar”, “recortar”, “no hay presupuesto”, hay fotos que cuentan otra historia que no caben en el discurso de la medianía.
En redes sociales no tardaron en reaccionar. La llamaron “lacra”. Recordaron que hace no mucho —dicen— no salía de su pueblo. Y ahora el pueblo, simbólicamente al menos, la ve viajar como influencer institucional.
Y ahí está el problema: la narrativa. No es el viaje. Es el mensaje.
Porque cuando se milita en la bandera de la transformación moral, el estándar es más alto. Cuando se exige congruencia hacia abajo, la lupa se coloca arriba. Cuando se habla en nombre del pueblo, el pueblo observa.
La austeridad no puede ser sólo un discurso administrativo. O se vive o se vuelve utilería política.
Y mientras a trabajadores les piden ajustarse “por responsabilidad”, las postales internacionales terminan pareciendo un recordatorio incómodo de que la austeridad, al parecer, tiene categorías.
Austeridad para la nómina.
Lujo para la foto.
Porque en política, más que el destino, lo que pesa es la congruencia.
Y hay viajes que cuestan más en credibilidad que en pesos.