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Traslado inseguro largo y deficiente
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En Huehuetoca, la movilidad no es un problema, es un cáncer que carcome la vida diaria de millones de personas. En promedio a las cuatro de la mañana, calles y paraderos ya están llenos de personas que inician un viaje largo, incierto y peligroso hacia la capital del país.

No es una excepción: es la rutina impuesta por la falta de transporte digno y eficiente.
Para llegar a sus centros de trabajo o estudio, los habitantes deben encadenar varios traslados en camiones saturados que avanzan por la autopista México–Querétaro entre embotellamientos, baches y maniobras temerarias. Viajar de pie durante horas se ha normalizado, al igual que la ansiedad de no saber si se llegará a tiempo o si el trayecto terminará en un asalto.
Usuarios del transporte público denuncian robos frecuentes en distintos puntos del recorrido, particularmente en Jorobas, Cuautitlán Izcalli y Tepotzotlán. El miedo acompaña cada viaje, mientras la vigilancia brilla por su ausencia. A esta situación se suma el desgaste físico y emocional que provoca pasar hasta ocho horas diarias en traslados de ida y vuelta.

Muchas familias se asentaron en Huehuetoca con la promesa de una mejor conexión ferroviaria. Sin embargo, el Tren Suburbano nunca llegó. Las vías se detuvieron en Cuautitlán y con ello se frenó la posibilidad de reducir tiempos y riesgos. Hoy, la periferia crece sin planeación y la movilidad se convierte en una carga que profundiza la desigualdad social.