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Por Ceci Vadillo
En la alcaldía Cuauhtémoc parece haberse instalado una nueva lógica de gobierno: administrar para la cámara. Gobernar, más que resolver, orientado a generar vistas y likes. El reciente operativo contra comerciantes en San Cosme es un ejemplo claro de esta forma de hacer política.
El viernes pasado, en esta última puesta en escena, la alcaldesa encabezó un operativo mientras grababa un “en vivo” y señalaba a los comerciantes como criminales; los provocó, los insultó y les hizo señas obscenas con la mano.
La propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, recordó que el reordenamiento debe hacerse con diálogo, no con show. Y esa palabra “show” retrata bien lo ocurrido. Hay que recordar que la violencia, siempre genera más violencia y eso es lo que ella quería.
Nadie niega que el comercio en vía pública requiere orden; su regulación es necesaria para garantizar movilidad, seguridad y convivencia. Pero ordenar no es sinónimo de humillar ni criminalizar. Gobernar implica abrir mesas de diálogo, diseñar alternativas graduales y reconocer que detrás de cada comerciante hay una historia y una familia que depende de ese ingreso.
Algo que debe recordar la alcaldesa, es que esas personas que ella discrimina, también son habitantes de su demarcación. Esas comerciantes que ella insulta, también son mujeres que trabajan por mantener a su familia, aunque su feminismo selectivo solo le permite ver a ciertas mujeres. Peor aún, esos comerciantes le ayudaron a llegar a la alcaldía, pues tenía una alianza con ellos en campaña, y hoy los traiciona, insulta y señala.
El comercio informal en la Ciudad de México no es un fenómeno simple; tiene raíces históricas, económicas y culturales profundas. Reducirlo a un operativo transmitido en vivo simplifica un problema estructural que exige política pública seria y coordinación institucional.
No es la primera vez que vemos a Rojo de la Vega actuar de manera violenta y confrontativa, tal como su antecesora, Sandra Cuevas. Lo que buscan es aparentar que crean orden mediante el escándalo y la violencia.
Una alcaldía no se administra a base de transmisiones en vivo ni de confrontaciones públicas. Se gobierna con responsabilidad, institucionalidad y escucha. La ciudadanía de la Cuauhtémoc merece soluciones duraderas, no episodios diseñados para el algoritmo y los followers.