Visitas
Los trabajos han generado un entorno de incertidumbre en los principales corredores industriales de municipios de Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán y Cuautitlán Izcalli
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
La rehabilitación del Periférico Norte, una de las vialidades más importantes del Valle de México, se ha convertido en un foco de conflicto social para quienes dependen diariamente de esta vía para trabajar, producir y llevar sustento a sus hogares.
Lejos de representar un beneficio inmediato, los trabajos han generado un entorno de incertidumbre en los principales corredores industriales de Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán, Cuautitlán Izcalli, Tultitlán y Tepotzotlán.
Empresarios y trabajadores coinciden en que la ejecución de la obra carece de coordinación básica con las zonas fabriles, dejando accesos bloqueados, desvíos improvisados y tramos completamente a oscuras.

Desde la Asociación de Industriales Unidos por México, su director, Víctor Bustos Mendoza, advirtió que el sector ha intentado establecer comunicación formal con la Junta de Caminos del Estado de México, sin resultados tangibles.
Los oficios enviados, asegura, solo han recibido acuses de recibo, sin respuestas técnicas ni mesas de trabajo que permitan mitigar las afectaciones.
La falta de señalización y de rutas alternas claramente definidas ha multiplicado los riesgos.

Trabajadores que entran o salen en horarios nocturnos deben caminar por zonas sin iluminación, mientras transportistas enfrentan embotellamientos constantes que retrasan entregas y encarecen la operación logística.
El problema va más allá de lo productivo. Cada retraso laboral impacta directamente en la economía de las familias; cada trayecto inseguro expone a madres, padres e hijos a accidentes o hechos delictivos. La ausencia de protocolos de emergencia y vigilancia ha encendido las alertas ante un posible aumento de asaltos y percances viales.

El sector industrial insiste en que no se opone a la modernización de la infraestructura, pero exige que las obras no se realicen a costa de la seguridad y estabilidad social. La demanda es concreta: diálogo inmediato, planeación responsable y una comisión especial que supervise el desarrollo de los trabajos.
Mientras eso no ocurra, el Periférico Norte seguirá siendo, para miles de personas, una ruta diaria marcada por el riesgo, la improvisación y el abandono institucional.