41 lecturas
Por Juan R. Hernández
En política no todo es blanco o negro. Esta semana dejó dos malas noticias que exhiben excesos y opacidad; pero, también, dos buenas que recuerdan que legislar puede servir para algo más que la grilla.
Primera mala. Un video mostró a una colaboradora de la diputada morenista Elizabeth Mateos amenazando con un tubo a dueños de la empresa Rockkings, en Iztacalco, durante una inspección que terminó en clausura por presunta falta de señalización de salida de emergencia. La legisladora confirmó que sí era parte de su equipo y anunció su despido. Bien por cortar de tajo, pero mal por el abuso. La autoridad no puede actuar como pandilla.
Segunda mala. El “diputado migrante”, Raúl Torres, aquel que explicó que existe “un pájaro con alas de metal llamado avión”, enfrenta turbulencia. A la falta de información clara sobre sus gastos de viaje, se suman señalamientos de nepotismo y presunta simulación de residencia. Una investigación documentada reveló que primero puso como suplente a su cuñada; después, a su esposa. Si la representación migrante termina en asunto familiar, no es diáspora: es dinastía. Y eso lastima la credibilidad. Esperemos que pueda aclarar este asunto por el bien de los migrantes.
Ahora las buenas. El diputado Pedro Haces Lago llamó a vacunarse contra el sarampión y recordó que es prevenible. En tiempos de desinformación, promover inmunización gratuita es apostar por la salud pública.
La otra buena la impulsa Paulo García: obligar el uso de trastes reutilizables cuando el consumo sea en el local. La CDMX genera 12,500 toneladas de basura al día; entre 12% y 15% son plásticos de un solo uso. En el país se consumen 23 mil millones de vasos desechables al año. Si se venden hasta 1.5 millones de cafés diarios en la capital, hablamos de toneladas evitables.
Entre escándalos y propuestas útiles, queda claro: la política puede hundirse… o servir. Depende de quién la ejerza.