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El 88 peregrinar de la Diocesana de la capital movilizará a más de 20 mil personas y provocará el cierre total de vialidades clave del Centro Histórico durante al menos 48 horas
REDACCIÓN
El corazón de la capital mexiquense volverá a quedar blindado. Con motivo de la 88ª Peregrinación Diocesana hacia la Basílica de Guadalupe, el gobierno municipal anunció el cierre total de diversas vialidades del Centro Histórico, una medida que, lejos de generar consenso, encendió el malestar entre vecinos y familias que habitan la zona.
Durante el próximo fin de semana se llevará a cabo la peregrinación religiosa más numerosa del estado, con una afluencia estimada de 20 mil visitantes. Para resguardar el paso de los contingentes, el Ayuntamiento de Toluca desplegará un operativo de seguridad con alrededor de 250 elementos, apoyo tecnológico y dispositivos de vigilancia.
El plan contempla el cierre completo de arterias como Nicolás Bravo, Independencia y Rivapalacio, además de la instalación de zonas de descanso para peregrinos en banquetas y arroyos vehiculares. Sin embargo, no se han difundido rutas alternas claras ni horarios precisos para la reapertura de calles.
Los cortes viales iniciarán desde el mediodía del sábado 21 de febrero y se mantendrán hasta la madrugada del lunes 23, cuando la columna de fieles parta tras la misa de El Buen Viaje en la Catedral de San José. Durante ese lapso, el primer cuadro de Toluca permanecerá prácticamente inaccesible para residentes.
Vecinos denuncian que no fueron consultados ni informados con anticipación. Muchos se enteraron por redes sociales o publicaciones oficiales, sin recibir avisos directos. Aseguran que el cierre los deja sin acceso vehicular a sus cocheras, complica la atención de emergencias médicas y afecta actividades básicas como el trabajo o el abasto familiar.
“Somos creyentes, pero también ciudadanos. Cada año nos dejan aislados, sin opciones y sin explicación”, señala Cristina Nava, residente del Centro desde hace cuatro décadas. A la queja se suman asociaciones vecinales que advierten ruido nocturno, ocupación desordenada del espacio público y ausencia de canales de atención durante el operativo.
El trasfondo del conflicto vuelve a poner sobre la mesa la falta de comunicación del gobierno municipal, que prioriza la logística del evento sin atender los derechos de quienes viven en el Centro Histórico. Para los vecinos, la peregrinación no es el problema: la omisión oficial y la repetición de un esquema que los borra del mapa, sí.