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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Toluca un estruendo partió la tarde. Un zumbido seco, metálico, precedió al humo que comenzó a salir del cuerpo de Daniel, suspendido en la azotea de un edificio comercial sobre Venustiano Carranza. Eran cerca de las tres y media cuando la corriente lo atrapó y lo sacudió sin misericordia, ante peatones que alzaron la vista justo para ver el infierno.
El hombre, de 55 años, pintaba una estructura metálica cuando rozó un cable de alta tensión. La descarga —de más de 13 mil voltios— entró por las manos, recorrió brazos y tórax buscando salida a tierra. Daniel quedó de rodillas, inconsciente, humeante, a centímetros de la cornisa.
“Se oyeron chispas, como si explotara un transformador. Luego el olor… era insoportable”, narró una locataria, con el rostro desencajado. Otros gritaban pidiendo ayuda; algunos rezaban. Nadie se movía.
Paramédicos llegaron entre maniobras complicadas. Subieron con camilla por una escalera improvisada y encontraron al trabajador con quemaduras severas. El descenso fue tenso, lento, vigilado por celulares y patrullas que cerraron la circulación. Abajo, el silencio pesaba.
“Lo vimos negro de los brazos. Pensamos que no salía”, dijo un compañero entre lágrimas. Daniel fue trasladado al ISSEMyM con pronóstico reservado; médicos reportan daño profundo por electricidad.
Protección Civil acordonó el área. Vecinos acusan cables expuestos y advertencias ignoradas. En la azotea quedó la cubeta volcada, pintura blanca mezclada con sangre seca. La tarde cayó, y con ella, la certeza de que el riesgo seguía ahí, colgando sobre la ciudad.