Visitas
- Rechaza una posible salida de Estados Unidos del acuerdo comercial
- “No lo creemos y nunca se ha manifestado en las llamadas”, enfatizó
- Critica visita de funcionaria vinculada a la CIDH contra Cuba
JUAN R. HERNÁNDEZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- Desde temprano el Salón Tesorería olía a pólvora política. No por algún anuncio explosivo, sino por la insistencia de algunos reporteros que, a grito pelado, intentaban desviar el rumbo de la conversación. Preguntaban sobre el T-MEC, pero remataban con insinuaciones sobre una inminente ruptura; cuestionaban a la presidenta, pero buscaban el encabezado escandaloso. Era la mañanera tramposa: la pregunta iba por un lado y el empujón mediático por otro.
Claudia Sheinbaum no se movió un milímetro. Ante el amago de que Donald Trump abandonaría el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, respondió sin titubeos: “No lo creemos y nunca se ha manifestado en las llamadas porque es muy importante para ellos y para nosotros, el Tratado comercial”. Recordó que desde enero de 2026, cuando Trump asumió su segundo mandato, no ha existido una sola conversación telefónica donde se plantee una salida unilateral.
Y no es asunto menor. El T-MEC sostiene un intercambio superior a 1.5 billones de dólares anuales y articula cadenas de suministro que cruzan la frontera miles de veces al día. La industria automotriz, el campo estadounidense, la manufactura mexicana: todos dependen de esa arquitectura comercial. Romperla implicaría costos millonarios y una sacudida al mercado norteamericano. Pero en la sala, algunos insistían en la narrativa del rompimiento inminente.
La presidenta optó por el tono pedagógico. Explicó que, aunque el republicano ha usado el tratado como ficha de presión en temas migratorios o arancelarios, el acuerdo es un pilar para las tres economías. “El tratado es una realidad que beneficia a las tres naciones y seguiremos trabajando en su fortalecimiento”, atajó, enviando un mensaje de estabilidad frente al ruido.
Más tarde, otro tema buscó encender la mecha: la presencia en México de Rosa María Payá, vinculada a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Sheinbaum fue clara: si se viene en nombre de la Comisión, no se puede militar a favor de una causa. Sin aspavientos, pidió a la Cancillería información detallada y marcó distancia del artículo 33 constitucional. “No soy partidaria”, dijo, pero subrayó que debe haber transparencia.
También señaló a plataformas digitales de derecha que —acusó— difunden versiones falsas para golpear a su gobierno. No habló de censura, sino de confrontar mentiras con información. Así transcurrió la mañana: entre intentos de polémica y respuestas puntuales. Afuera quedará el grito; adentro, al menos esta vez, prevaleció la explicación.
