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Habitantes de la comunidad de Santo Tomás acusan que el
poco recurso que llega por las tuberías es turbio y con olor, impropio para el consumo humano. Familias denuncian omisión del ayuntamiento encabezado por Domingo Zenteno Santaella
REDACCIÓN
En Santo Tomás, Teoloyucan, abrir la llave se ha convertido en un acto inútil. Desde hace más de cuatro meses, cientos de familias viven sin agua potable y con un suministro intermitente de líquido oscuro, con sedimentos y olor fétido. La escena se repite día tras día: cubetas vacías, tinacos secos y una incertidumbre que ya es parte de la rutina.
“Lo que sale no es agua, es lodo”, relata María Sánchez, vecina de la zona cercana al CBTIS. Explica que el líquido no sirve para beber, cocinar ni para el aseo personal. “Bañarse así nos provoca comezón y ronchas; a los niños ya les dio diarrea”, añade. Como ella, decenas de familias han tenido que gastar parte de su ingreso en garrafones y pipas privadas, un lujo imposible para muchos hogares.
La falta de respuesta oficial ha profundizado el enojo social. Vecinos aseguran haber acudido en repetidas ocasiones al ayuntamiento sin obtener soluciones concretas. “Nos dicen que no saben nada, que es problema del comité de agua. ¿Entonces quién responde por nuestra salud?”, cuestiona don Ernesto, adulto mayor que depende de vecinos para conseguir agua limpia.
El gobierno municipal ha justificado su inacción señalando que Santo Tomás opera con un comité autónomo, argumento que los habitantes consideran una evasión de responsabilidades. “El agua es un derecho humano, no un favor ni un trámite”, reclama una madre de familia.
La insalubridad avanza mientras el silencio institucional se prolonga. Sin pipas de apoyo, sin obras visibles y sin información clara, la comunidad enfrenta una emergencia cotidiana que amenaza la salud de niños y adultos mayores. En Santo Tomás, la crisis del agua no es técnica ni administrativa: es social, y cada día sin solución profundiza la sensación de abandono.