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Por Eduardo López Betancourt
En nuestro sistema jurídico se encuentra plenamente justificado y expresamente previsto en la legislación el denominado derecho de réplica, mediante el cual cualquier medio de difusión está obligado a otorgar espacio, en el mismo lugar y con la misma relevancia, a quien haya sido objeto de una crítica y, peor aún, de una difamación.
Este derecho corresponde, de manera directa, a los particulares, quienes con frecuencia lo ejercen sin mayores obstáculos. Sin embargo, lamentablemente existen medios de comunicación que se niegan a cumplir con este principio elemental y, de forma por demás desvergonzada, se rehúsan a dar voz a quien ha sido dañado, en ocasiones de manera grave. En tales circunstancias, se configura de manera evidente el daño moral y el llamado daño punitivo.
De manera particular, en este renglón, las televisoras suelen aprovechar su poder y su cercanía con los ámbitos oficiales para menospreciar a quienes solicitan la aclaración de una nota que les ha causado perjuicio y que, además, resulta totalmente falsa.
Peor aún es el caso de un rotativo de un país hermano (España), que, de pronto, adquirió un poder desmedido en el mundo latinoamericano, al grado de imponerse por encima de varios diarios nacionales. Este medio ha actuado con un descaro inaudito: cuando en México se le reclama y se le exige el cumplimiento del derecho de réplica, responde de manera soez y altanera que sus oficinas se encuentran en Madrid. La realidad es distinta. Este periódico se imprime en México, obtiene una parte sustancial de sus contenidos en el ámbito nacional y dirige su labor informativa al territorio mexicano, además generosos negocios de publicidad. Resulta evidente la audacia con la que pretende alegar una supuesta extraterritorialidad. Lo más lamentable es que algunos jueces mexicanos actúan con temor, casi con miedo, y prefieren conceder la razón a este pasquín, que en realidad no merece respeto alguno. Un diario cuyo tiraje se realiza en México debe, sin excepción, sujetarse a las leyes de nuestro País. El daño que puede ocasionar un medio de comunicación es profundo.