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- El tráfico de armas es responsabilidad compartida
- Un reporte internacional origina reclamo presidencial
- Cartuchos calibre .50 son fabricados en la planta Lake City Army
JUAN R. HERNÁNDEZ
GRUPO CANTÓN
Ciudad de México.- Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum opino sobre el reporte de The New York Times que documenta el uso de municiones diseñadas para el Ejército de Estados Unidos por parte de cárteles mexicanos. No se trata de balas cualquiera: son cartuchos calibre .50, fabricados en la planta Lake City Army Ammunition Plant, a las afueras de Kansas City, operada por un contratista privado bajo supervisión directa del Departamento de Defensa estadounidense.
Durante la mañanera, la mandataria lanzó una pregunta incómoda hacia Washington: “¿No le parece que hay un esfuerzo limitado o acciones muy pocas con lo que ha dicho Estados Unidos del control de armas?”. Y remató: ese armamento es de uso exclusivo militar, no para anaqueles civiles ni, mucho menos, para manos criminales.

Sheinbaum confirmó que su gobierno revisa a fondo el reporte para abrir un diálogo directo con Estados Unidos y exigir explicaciones claras sobre cómo municiones de alto poder, capaces de perforar blindajes y derribar helicópteros, cruzan la frontera. “Estamos revisando el reporte para poder hablar con el gobierno de los Estados Unidos sobre este tema”, subrayó.
El contexto no es menor. El tráfico de armas desde EU ha sido señalado reiteradamente como gasolina de la violencia en México. El reportaje del New York Times exhibe fallas graves en la cadena de custodia y en el control de exportaciones de munición producida bajo contrato gubernamental.
El texto recuerda el ataque en Villa Unión, Coahuila, en noviembre de 2019: 25 muertos y al menos 45 casquillos calibre .50 marcados con las siglas “L.C.”. Desde 2012, la ATF ha incautado más de 40 mil cartuchos de ese calibre en estados fronterizos; uno de cada tres provino de Lake City. Entre 2019 y 2024, otras 36 mil balas .50 fueron decomisadas en la frontera sur de EU.
Mientras en Estados Unidos cada cartucho cuesta entre 3 y 4 dólares y se compra legalmente, en México se cotiza como arma de guerra. Para las víctimas, como la viuda de un policía asesinado en Michoacán, el mensaje es brutal: no se ha hecho lo suficiente.
Sheinbaum no dio fechas ni nombres de los interlocutores, pero dejó claro que el tema será prioridad. México vuelve a insistir en la responsabilidad compartida: las balas no se fabrican aquí, pero aquí matan.
