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REDACCIÓN
Chimalhuacán aparece en mediciones recientes como uno de los municipios con mejor evaluación ciudadana del país; sin embargo, lejos de esos indicadores, en barrios y comunidades se acumulan reclamos que apuntan directamente a la administración municipal como responsable del deterioro que enfrentan las familias.
En el día a día, la narrativa oficial se desmorona. Calles dañadas que no reciben mantenimiento, obras públicas abandonadas y un sistema de servicios básicos que opera de manera deficiente forman parte del paisaje cotidiano.
Vecinos denuncian que la falta de agua potable, el alumbrado público insuficiente y la inseguridad no han sido atendidos con la seriedad que requieren, pese a los discursos de mejora difundidos desde el gobierno local.
La gestión encabezada por Xóchitl Flores es señalada por su carencia de planeación y seguimiento. Proyectos anunciados con anticipación quedaron a medias, generando mayores afectaciones, como inundaciones recurrentes y vialidades intransitables. Esta situación ha profundizado el malestar social y la sensación de abandono en amplias zonas del municipio.
Mientras la alcaldesa presume resultados en plataformas digitales y encuestas, el rechazo crece entre quienes padecen las consecuencias de un gobierno que, acusan, privilegia la imagen sobre la atención real de los problemas. Para muchas familias, la brecha entre los números y la realidad confirma una falta de pericia administrativa que hoy se traduce en desgaste político y pérdida de confianza ciudadana.