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¿Defensa cómoda o guerra disfrazada? 

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La noche en que “Chispa” Medina apagó al gatito… pero no sin sudar 

GUSTAVO INFANTE CUEVAS

Guadalajara vivió una noche de boxeo real, de ese que no siempre se refleja en las tarjetas. Christian “Chispa” Medina retuvo su título mundial gallo de la OMB ante Adrián “Gatito” Curiel por decisión unánime, sí, pero quien solo vea el resultado se pierde la historia completa.

Medina llegó como campeón, favorito y con la presión de defender por primera vez su cinturón en casa. Curiel, excampeón mundial IBF en peso mínimo, subió tres divisiones para retar a la lógica, al tamaño y al poder. Y lejos de ser un invitado incómodo, fue un rival incómodo de verdad.

La pelea fue áspera, inteligente y por momentos peligrosa para el campeón. “Chispa” impuso ritmo, controló el centro del ring y trabajó bien al cuerpo, pero en el séptimo y octavo asalto el “Gatito” conectó sólido, obligando a Medina a pensar, ajustar y sobrevivir sin perder la compostura. Ahí estuvo el clímax emocional del combate.

Las tarjetas fueron amplias, quizá demasiado para lo que se vio arriba del ring, pero el triunfo fue justo. Medina ganó porque fue más constante, más fuerte y más completo. Curiel perdió, pero se llevó respeto, aplausos y la prueba de que su corazón compite en cualquier división.

No fue una defensa cómoda. Fue una defensa que dejó dudas, aprendizajes y algo claro: el reinado de “Chispa” sigue… pero la división gallo ya le tomó la medida. Y eso, para el boxeo mexicano, es una gran noticia.

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