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Sin rastro de familia en Mazatlán, fueron privados de la libertad

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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

El sol, la arena y la promesa de descanso se transformaron en terror puro. Mazatlán, destino turístico por excelencia, fue escenario de una historia negra cuando una familia mexiquense desapareció en cuestión de minutos.

El 3 de febrero, mientras recorrían caminos de la zona de El Habal a bordo de cuatrimotos, el grupo fue interceptado y arrancado de la libertad con violencia silenciosa.

Las máquinas quedaron tiradas entre el polvo y la maleza, mudos testigos de la tragedia. Fue el GPS de los vehículos lo que condujo a las autoridades hasta ese punto, donde ya no había risas ni voces, solo huellas confusas y la certeza de que algo brutal había ocurrido. “Aquí todo quedó en calma de golpe, como si el miedo se hubiera quedado flotando”, narró un trabajador del área, aún consternado.
Con el paso de las horas, una mujer y una niña fueron localizadas con vida. Ambas presentaban crisis nerviosa y un silencio que lo decía todo.

De los cuatro hombres no hay rastro. Entre ellos está Óscar García, maestro de Educación Física en el Estado de México, descrito por colegas y familiares como un docente entregado y un padre ejemplar. “No era un delincuente, era un hombre bueno. Se lo llevaron como si nada”, lamentó un familiar entre lágrimas.

Vecinos y testigos coinciden en que el ataque fue rápido y calculado. “No hubo balazos, pero sí miedo. Eso es peor”, comentó un habitante de la zona. La ausencia de información oficial alimenta rumores y angustia, mientras el tiempo corre en contra.

En Santa Ana, Ixtlahuaca, la espera es un suplicio. La comunidad exige que las autoridades no permitan que este caso se pierda en el silencio. Porque detrás del mar y la postal turística, hoy hay cuatro hombres desaparecidos y familias rotas que reclaman volver a verlos con vida.

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